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Correrías de nahual: el encuentro

Foto(s): Cortesía
Redacción

Don Chalío había empezado a beber muy joven, según contó; y el gusto por los mezcales le había marcado la vida, tanto como sus correrías de nahual.


Su esposa lo conoció una noche cuando el sofocante calor de la costa obligaba a las muchachas a dormir en las hamacas; Prisca era una mulata maciza de 19 años, cuidaba de los hermanos menores pues su madre se había dado a la vida nocturna; los arrullos marinos hacían que los niños durmieran pronto, ella no podía dormir, un perro andaba paseándose entre las hamacas; al fin, harta de la presencia del can, lo invitó a que se echara en una esquinita y ahí se quedó el animal, era un xoloitzcuitle.


La siguiente noche sucedió lo mismo, el ritual del perro, que tras pasearse entre los cuerpos durmientes que se mecían al arrullo del oleaje, ella inquieta, insomne, hasta que convidaba al perro a echarse en su esquina entraba en un profundo sueño; sin embargo, al amanecer del séptimo día, un hombre despertó justo en el sitio donde la noche anterior el perro se había quedado: "sáquese de aquí, viejo borracho", dijo la muchacha, pero al encontrarse sus miradas, quedaron marcados por el mismo destino y desde ese día hasta el día de hoy, están juntos.


Prisca ignoraba que la naturaleza de su marido estaba ligada al nahualismo; cierto día, antes de que el gallo cantara, despertó tras sentir la agitada respiración de Chalío, parecía febril, temblaba, se dio cuenta de que tenía muy lastimadas las plantas de los pies al igual que las palmas de las manos; pensó que mientras ella dormía, había andado por las cantinas y de tan borracho hasta calentura le había entrado al cuerpo.


Cuando Chalío se recuperó se confesó con ella, le dijo que estaba marcado por el ihiyotl, una energía tan sutil como poderosa, dotado de un poder dual; por un lado, con capacidad de sanar, pero también de hacer daño. Prisca sintió que un hielo le resbalaba por el espinazo, se retiró abruptamente, se echó a llorar, reclamó a gritos, pero nada podía hacer, pues sabía que no podía ni quería dejarlo, lo amaba profundamente, decidió acompañar sus andanzas en tanto le fuera posible.


Continuará el próximo miércoles…


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