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El Lector Furtivo: Crímenes ejemplares

Foto(s): Cortesía
Redacción

Crímenes ejemplares es un libro compuesto de microrrelatos que versan todos sobre el tema del asesinato. En él se narran en boca de los perpetradores las razones “nada oscuras” que los llevaron a cometer sus crímenes. El tratamiento es principalmente humorístico, pero el volumen no carece de complejidad literaria.


Max Aub (1903- 1972) fue un escritor español nacido en París, de padre alemán y madre francesa de ascendencia judía. Los eventos propios de las guerras mundiales en el contexto europeo lo llevaron a conocer el exilio desde muy joven. Siendo un niño, toda su familia debió huir a España; después, ya como un reconocido intelectual, regresó a Francia huyendo de la Guerra Civil. En París fue acusado de comunista y conoció la prisión en Marsella, Argelia y Casablanca, donde tomó un barco que lo trajo a México, país donde finalmente se naturalizó y en el que habitó hasta su muerte.


Políglota sobresaliente, decidió escribir su obra en lengua castellana, misma que dominó al poco tiempo de conocerla. De su vasta obra sobresalen títulos como Diario de Djelfa (poesía), Morir por cerrar los ojos (teatro), No son cuentos (cuentos), Conversaciones con Luis Buñuel (biografía).


Con cierta influencia de los humoristas españoles Ramón Gómez de la Serna y Miguel Mihura, Max Aub encuentra interés en recopilar el pensamiento de estos asesinos y sus confesiones. El autor nos advierte que muchos de estos crímenes son casos reales escuchados de viva voz en los entornos violentos que conoció, tanto en la España de la Guerra Civil y la Francia de la Segunda Guerra Mundial, como en nuestro México lindo y querido, donde ya sabemos que la vida no vale nada. A estas confesiones se agregaron posteriormente construcciones literarias completamente ficticias que tienen como protagonistas incluso animales, como el relato de la hormiga que mató al león.


En México, Max Aub publicaba Sala de espera, una suerte de revista periódica donde, a través de fragmentos, daba cuenta a sus amigos de los avances de sus distintos proyectos literarios. Para 1949 llevaba ya diez números de esta publicación; ahí aparecen por primera vez varios de esos crímenes que finalmente vieron la luz como libro en una edición de autor en 1957.


Las razones para matar son muchas y variadas, pero lo sorprendente de esta colección, que se fue escribiendo a lo largo de muchos años, es la transparencia del pensamiento homicida.  Max Aub retoma la candidez de estas confesiones como materia literaria, formando con ellas ingeniosos juegos de palabras y aforismos memorables que rezuman un humor hilarante que hoy podría resultar ofensivo para nuestras frágiles sensibilidades contemporáneas. Ya en Sala de espera, el autor se disculpa por ello:  “Con la mejor intención, me reprochan algunos la falta de seriedad de algunas de las cosas que aquí se imprimen; como si el humor no tuviese ya cabida en lo impreso, en este mundo serio donde cada palabra se sopesa y mira desde todos los ángulos, oliéndola por si acaso encerrara un gato heterodoxo”.

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