Gobiernos de muchos países acostumbran incentivar entre sus ciudadanos el pago de las compras o servicios con tarjetas físicas ya que de esta manera se reducen fenómenos como el blanqueo de capitales o el fraude fiscal, entre otros delitos.
No obstante, en el mundo han aparecido nuevos medios de pago electrónicos que aportan altos niveles de seguridad, además de esto su integración con los teléfonos móviles permite a los usuarios una nueva opción de pago que está en crecimiento, como es el pago electrónico, el cual tiene como ventaja el poder disponer del dinero de manera inmediata y permite a las personas incrementar su nivel de gasto, incluso si tienen que pagar cuotas elevadas. Al pagar en efectivo ocurre un fenómeno denominado dolor o rechazo por el pago ya que al entregar una cantidad de dinero físico a cambio de un producto o servicio, el cerebro reacciona con cierta aversión.
Se sabe que al pagar con tarjetas de cualquier modalidad, el dolor por el pago “se anestesia” y la gente tiende a comprar más productos o adquirir más servicios. Incluso algunos estudios han determinado que si lo los usuarios pagaran únicamente con plásticos su gasto se incrementaría hasta en un 20%.
Es por esta razón que el uso de efectivo ha venido disminuyendo entre las personas y este proceso ha tenido un aliado inesperado: la pandemia por COVID-19, periodo en el cual más personas han incrementado el uso de tarjetas y reducido el manejo de dinero físico, en gran parte por razones sanitarias y además por motivos de practicidad. Expertos han determinado que este es un fenómeno puntual y que seguramente se acentuará a largo plazo
Sin embargo con el tiempo, las tarjetas no serán las beneficiarias de este fenómeno, ya que en continentes como Asia los usuarios ya no realizan pagos con tarjetas sino mediante empresas de mensajería tales Linepay, como Alipay, Wechat o Kakaopay.
