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El sueño

Foto(s): Cortesía
Redacción

El sueño simbólicamente y metafóricamente, tiene la representación de una “pequeña muerte”, nos desconectamos de la vida cotidiana, yacemos en un mundo misterioso, desconocido, profundo; nuestro cuerpo inerme, laxo, abandonado a una experiencia sin igual, no sabemos de él hasta que en algún momento despertamos.


Para la mayoría, sobre todo cuando es de noche, y es momento de descansar, es un tiempo de una tibia somnolencia, una dulce paz, una pausa de un día de la vida en vigilia, es la regeneración de la vida misma.


Tal vez es poco dicho, pero para otros el sueño es la llegada de la noche, con ella baja la temperatura por tanto la atmósfera fría, la oscuridad donde se esconden y pululan las ideas, pensamientos tortuosos, el vuelo imaginario de una y mil visiones.


Es para otros tantos, un momento atroz; tal vez hemos sido educados o acostumbrados a estar en vigilia permanente, siempre atentos, siempre alertas; ese estar atentos, alertas, en vigilia constante en ocasiones proviene del miedo, de las culpas, de imaginación desbordante en que algo o alguien nos vigila, nos acecha. Por otro lado, es una sensación instintiva de perder lo que somos, lo que tenemos, perder a los que viven o conviven con nosotros.


Es tener la sensación de aquella vieja enfermedad que algún día nos puso al borde del precipicio vital; de ver dentro y al final de un túnel obscuro una luz que nos llevaría a una dimensión desconocida y por tanto temible.


En suma, con el sueño viene aparejado, la zozobra, la desesperanza, el agobio, la angustia; probablemente en el fondo de toda esta experiencia en realidad se asome el excesivo apego a la vida. Cualquier ruido, cualquier movimiento o pensamiento nocturno nos alerta y los pensamientos se exacerban.


Tal vez debemos de hacer del sueño, dado que es una necesidad vital, un culto, un momento de un premio por la tarea diaria, mejor aún por la tarea cumplida; en ocasiones la preocupación, es falta de acción, es falta de cumplimiento a lo que nos propusimos.


Algunos consejos prácticos para hacer este culto, está necesidad, esta recompensa: Es cenar ligero y con varias horas de anticipación ante de la hora que elegimos para reposar, alejarse del celular, la televisión. “Sobre todo de las noticias escabrosas y películas violentas” en sí alejarse de los aparatos electrónicos o de las llamadas redes sociales que nos traen demasiada información de problemas sociales, políticos económicos, desastres, abusos, etcétera.


También hay que hacer limpieza y orden en la habitación, elegir colocar un buen aroma, música que propicie el sueño, lecturas positivas, profunda oscuridad o con luz muy baja; hacer un pequeño ritual previo al sueño: agradecimiento a la vida, al destino, a la Divinidad a través de sencilla y sentida oración, si es posible observar la noche con calma, la naturaleza en el silencio profundo de sus propios sonidos internos, agradecer el día que se va y la noche que llega y nos cobija con su manto sagrado; demos oportunidad a los genios del sueño hacer su tarea de repararnos física, energética, emocional, mental y espiritualmente, así como disponernos a ese sol nocturno que nos permite ver a través de los sueños los mundos arquetípicos, que nutren nuestro entusiasmo en el día por venir. Agradecer profundamente la posibilidad de generar nuevos sueños a través del sueño.

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