Me asomo a la ventana, me siento privilegiado, desde aquí veo el sol que renace una vez, los amantes de los mitos estacionales, simbolistas y apasionados de los significados de los astros llaman a este sol del veintiuno de diciembre “sol invicto”, siento el tibio calor que me abraza y me dice bueno días, y lo es, en esta vista me recreo de los colores de nuestro invierno en mi pueblito, desde aquí observo que los destellos de luz solar se intensifican en las copas de los árboles que reproducen colores naranjas, rojos, ocres, amarillos, verde seco; las ramas un tanto desnudas, algunos árboles y plantas florean en esta época, los pastizales un poco más allá salpicados de un vaho entre azul cielo y un gris lechoso, más lejos se ven pequeños cerros aún cubiertos de nubosidades que ocultan el misterio de los pequeños bosques de alrededor.
Entiendo que los paisajes de cada uno de nosotros son diferentes, hay paisajes tristes, cargados de dolor y quebranto; a unos los nubarrones de la vida han tocado a sus puertas, se escucha las plegarias por el alma de los que parten, cerca de aquí hay un camposanto, las melodías típicas de nuestros pueblos hacen menos duro el dolor y luto. Alguien más con ayuda de su fuerza de voluntad y el apoyo de médicos y familiares ha salido adelante. En el momento que escribo escucho las noticias alentadoras que dan pie a pensar que poco a poco el problema se resolverá.
Han comenzado las vacaciones de los alumnos, un respiro para sus múltiples trabajos de la educación a distancia; los profesores continúan un poco más, hay que recibir los trabajos, descargarlos o revisarlos de las variadas plataformas de las cuales ya navegan con más confianza, porque el semestre anterior la educación virtual a la mayoría los tomo un tanto de sorpresa, salvo los nuevos maestros que ya fueron educados en esas herramientas, la mayoría tuvo que hacer gala de paciencia y voluntad para acopiarse de las mil y una formas, recursos, aplicaciones de esta nueva forma de educar.
Consciente de todo esto y agradeciendo al creador, la vida, la salud, la virtud, los bienes, el manto sagrado del destino que nos cobija y protege de este drama tan lacerante y conmovedor.
Ya es de tarde, desde esta parte de la casa, levantando la vista de la computadora, se ve el sol crepuscular que todas las tardes nos regala una nueva fotografía, una nueva y asombrosa pintura que solo el máximo pintor nos regala cada tarde, el murmullo de los sonidos de la noche comienza su concierto.
Murmuro una oración por los que partieron, mis mejores pensamientos y bendiciones por los que luchan por salvar las vidas y también por los que hoy gozan y agradecen la salud.
Sin duda unas fiestas decembrinas muy especiales, entre más pequeño sea el circulo cercano de nuestras familias con quien celebremos estas fiestas, mejor. No queda más que desearles a todos salud, amor, calor de hogar, solidaridad, hermandad, fraternidad, en este fin de año diferente.
"Agradece al creador, la vida, la salud, la virtud, los bienes, el manto sagrado del destino que nos cobija y protege de este drama tan lacerante y conmovedor".
