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Fin de año: Navidad, esperanza y adversidades; cuarta de siete partes

Foto(s): Cortesía
Redacción

He mencionado dos tipos de carácter que en lo social influyen de manera determinante en perder o mantener la esperanza. Uno, que adopta la crítica ante la herida narcisista, pues su majestad el Yo considera que las cosas tendrían que ser según sus valores; el otro, que se somete de una u otra manera a los juicios de los demás, siendo presa fácil de individuos que poseen el primer tipo de carácter.


Aterrizamos en lo que determina el matiz del temperamento en los seres humanos, la vida infantil. Si bien lo que recibimos por la herencia evolutiva influye, esta al parecer solo tendrá el papel de arcilla con la cual se forma la vasija.



Vida infantil


Intentaré explicar lo que en psicoanálisis adoptamos en el concepto de la vida infantil, pues por el vocablo podrá entenderse como esa primera etapa de la vida, sin embargo, esta llega a permanecer en el adulto, la cual se repite en circunstancias que se prestan para que emerja con fuerza. Cuando hablamos de lo infantil, también aludimos a la dinámica, lógica y leyes a las que obedece el aparato anímico (alma), pues es en esa etapa de la vida donde ello adquiere su forma.


Un caso clínico


Me auxiliaré de una viñeta extraída de la experiencia clínica. No sin antes advertirles que será tentador adoptar la idea general: “que repetimos aquello que aprendemos”, pero hasta ahí nos estaríamos dejando llevar por la obviedad que se extrae del fenómeno observado.


Cierto día acudió a mi consultorio una madre joven, que en la llamada me dio la impresión de ser mucho mayor; su voz y manera de hablar dejaban entre ver una cierta amargura. El motivo: que su hijo de 4 años presentaba algunos problemas de índole emocional, sin embargo, ella deducía que era ella la del conflicto.


Para continuar, una advertencia


Para lo siguiente es fundamental hacer un paréntesis, y remarcar la importancia que el analista no inmiscuya su moral y visión del mundo al momento de ejecutar su arte, pues el paciente nos entrega la intimidad de su vida, lo más profundo de su sentir y pensar. Por lo que narraré, les solicito en la manera de lo posible, lo mismo que se les exige a los psicoanalistas, observar el fenómeno sin inmiscuir juicios.


La madre narra que su pequeño ha bajado de peso, el cual no recupera; en los últimos meses se ha tornado enfermizo y los médicos no logran descifrar qué es de lo que adolece; él se ha vuelto demasiado inquieto y ha comenzado a portarse mal.


Por regla general, lo primero que el paciente nos entrega es su sentir, y lo que cuenta es de manera escueta, por lo que nos auxiliamos del método creado por Sigmund Freud para extraer mayor información y poder hacer las preguntas adecuadas que nos permitan encontrar las conexiones y relaciones en su acontecer psíquico.


Podrán reprocharme que iniciamos estas notas con la intención de un mensaje de esperanza, y al parecer nos hemos alejado del propósito. Una vez más apelaré a su paciencia, y podrán decantar que, si algo puede mermar nuestra esperanza, es la disposición infantil de cada uno de nosotros, pero que también en ella reside la posibilidad de lograr los imposibles.


Continuará el miércoles…


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


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