Entre pijamas y cubrebocas, hemos llegado a diciembre. Se trata de un mes cargado siempre de reflexiones, promesas, recuerdos, regalos y un largo etcétera, aderezados con suculentas fiestas en las que la comida tradicional abre lugar a la guisos de la época, llenando el ambiente de olores y sabores exclusivos de temporada, aunque esta ocasión quizá sea un poco diferente.
Las celebraciones serán más pequeñas este año, hay menos personas en el mundo. Muchas familias han sufrido la pérdida de seres queridos, más de lo habitual, esto es una realidad general en todo el mundo; el mundo es el mismo para todos, aunque cada uno entiende al mundo de manera distinta. Tanto así, que mientras unos países continúan estableciendo políticas internas para mitigar los contagios, pareciera que en Oaxaca eso es lo de menos.
Durante el mes pasado la ciudad de Oaxaca registró un repunte en su actividad turística, todos lo notamos. En las calles oaxaqueñas comienzan a volver a verse rostros ajenos a los comunes. Los turistas comienzan a venir, en especial aquellos que buscan evitar la época de frio en sus países de origen y vienen a pasar la temporada invernal en tierras tropicales.
Es un secreto a voces que muchos extranjeros hayan comprado propiedades en la zona centro de la ciudad y han hecho de ellas su casa invernal, pues el clima tropical (y el cambio de divisas) les favorece, muchas de esas personas que llegaron a principios del mes pasado pasarán varios meses en la ciudad, con lo cual se favorece la circulación del capital y con ello pagar los sueldos de muchos de los prestadores de servicios, quienes atraviesan por una terrible situación, en todo el mundo.
Diciembre es el mes de la religiosidad por excelencia en México y en Oaxaca también. Son épocas de Fe, en los que las personas sacrifican su tiempo (y otras cosas), para ir a agradecer por los favores recibidor en gracia suya por intervención divina.
Es una ceremonia de agradecimiento a la divinidad, y se ofrece dinero terrenal para compensarle, en uno de los negocios más lucrativos que se han inventando desde la creación del dinero: el pago por la gratitud celestial.
Se trata de un negocio sin fronteras que suma grandes cantidades a sus arcas, gracias a las colaboraciones de aquellos que agradecen a la intervención divina por los favores recibidos.
Los devotos contribuyen de manera generosa y con devoción, mientras que algunos de los representes de las iglesias son quienes disfrutan de la Fe y eso nada tiene que ver la divinidad.
Por otro lado, con la cancelación de las actividades que rodean a las actividades de culto religioso, todos los comerciantes informales que sobreviven de ellas, desde quienes colocan sus puestos de comida, hasta los que organizan los juegos mecánicos y las ferias típicas pierden posibilidad de empleo y tener ingresos.
Lo cual hace todavía más complicada la ya apretada situación. Hace unos pocos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un llamado a todo México, pues a consideración suya la situación por la que se encuentra el país ha pasado de ser “Mala” a “Muy preocupante”, por lo que “piden seriedad en la respuesta y a los líderes que sean ejemplares en el uso de mascarillas y otras medidas”.
Lo curioso en este caso es que se penaliza el comercio propio de la zona, mientras se favorece la visita de extranjeros. Eso me parece a mi más preocupante aún.
Durante el mes pasado la ciudad de Oaxaca registró un repunte en su actividad turística. En especial de aquellos que buscan evitar la época de frio en sus países de origen y vienen a pasar la temporada invernal en tierras tropicales.
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