No hay arrullos en los brazos de su madre, ni canciones de cuna, ni la posibilidad de escuchar el latido de su corazón mientras les amamantan. Dar positivo a COVID-19 luego de nacer prematuramente impide tener contacto con otra piel.
De los 23 mil 589 casos positivos de COVID-19 reportados en Oaxaca al corte epidemiológico de este domingo, casi el cinco por ciento (mil 49 contagios) corresponden a menores de 19 años.
El grupo de entre 15 y 19 concentra el 43 por ciento de esos contagios con 451 casos, pero sólo tres menores han fallecido. En cambio, los menores de un año acumulan 107 contagios y tiene la cifra más alta de defunciones con nueve, la más reciente ocurrida el martes 17 en una bebé.
No rastrean fuente de contagio
En Oaxaca sólo existe un hospital de especialidades pediátricas, el de la Niñez Oaxaqueña Doctor Guillermo Zárate Mijangos, que habilitó su área de urgencias como área COVID-19.
Ahí enfermeras y médicos especialistas tratan que dos recién nacidos y una niña de cinco años se sobrepongan a esta enfermedad que ocasiona el virus SARS-CoV-2, pero sobre todo a la lejanía de su familia y la carencia de cuidados afectivos.
Aunque ya hay claros indicios de la transmisión vertical de madre a hijo o hija durante el proceso de gestación, la jefa de medicina crítica y de urgencias, Rosa María López Ortiz, no puede decir con certeza cuál fue el medio de contagio de los dos recién nacidos que tienen en el área COVID-19.
“Tendríamos que hacer una serie de recolección de datos y es muy difícil saber dónde lo adquirió. Los dos fueron prematuros que empiezan con dificultad respiratoria porque no tienen el pulmón con la estructura, nos los refieren de otros hospitales que no tienen neonatólogo y al tomarles la prueba antes de ingresarlos al área de hospitalización y salieron positivos, clínicamente no hacen datos de una neumología como tal”.
Desde su ingreso, al recién nacido varón se le intubó, pero la mejoría permitió extubarlo. Permanece aún en el área COVID-19 tratando de ganar peso, fuera de aquí no sobreviviría.
Con una pequeña sonda la doctora Jazmín hace que a la diminuta boca del bebé de 24 días de nacido gotee lentamente leche que le permita superar el kilo 485 gramos que tiene de peso.
La cuna térmica está provista de monitores y entre aparatos conectados al diminuto cuerpo, la especialista acomoda el gorro del bebé, vigila que el pañal desechable esté limpio y lo arropa con una sábana.
El contacto sólo es posible protegida por un par de guantes de nitrilo y otros de látex. Si llegara a abrazarlo para arrullarlo, tiene que hacerlo con el overol que ha sobrepuesto a una pijama quirúrgica.
Dentro del área COVID-19 no hay manera de que el bebé o cualquier otra persona mire directamente a los ojos de la especialista, cubiertos por googles y una careta, además de un cubrebocas que la protege de cualquier contagio.
Las complicaciones
La otra cuna del área COVID está ocupada por una recién nacida de 31 semanas de gestación que el pasado 18 de noviembre entró a cirugía por una dificultad respiratoria y una atresia duodenal (su intestino delgado no se desarrolló bien) y además es positiva a COVID-19.
El peso de la bebé apenas alcanza los mil 350 gramos y está intubada por el proceso postoperatorio.
Para evitar que con un movimiento brusco mueva el pequeño tubo que todo el tiempo está conectado a su boca o se quite alguno de los otros aparatos que monitorean sus signos vitales, sus muñecas están sostenidas por el pañal desechable.
Tan sólo esa cirugía representó una de las tantas dificultades que especialistas enfrentan por la pandemia, pues deben operar con el equipo de protección personal completo, los googles obstaculizan por momentos la visibilidad y el doble guante hace que se pierda sensibilidad táctil.
Cuidar y dar consuelo
Para la encargada del servicio del área COVID en el Hospital de la Niñez, Vicenta Guzmán Ortiz, el que un paciente pediátrico ingrese implica que lo haga sin la compañía de su madre o padre y el personal de enfermería trata de suplir esa ausencia con abrazos, dando consuelo y alimento, además de los cuidados médicos y suministro de medicamentos.
“Es darles el plus de afectividad” porque desde que se rompe ese lazo por la separación que impone la hospitalización por la COVID-19 “se enfrentan a un estrés tremendo”.
Cuando piensa en todo ello, la enfermera Vicenta no puede evitar centrar la responsabilidad que tienen las personas adultas de someter a menores de edad a una exposición con el SARS-CoV-2.
“Es entendible que se tienen que satisfacer las necesidades y salir a la calle, pero si los exponemos a ellos, la separación implica mucho más estrés en un hospital a tenerlos resguardados en casa y con los cuidados”, afirma.
Doble reto
La labor dentro de un área pediátrica COVID representan para el cardiólogo pediatra César Zárate Morales, es un doble reto, por una parte cuidar a bebés o infantes sin la ayuda de mamá y papá para que logren una mejoría, y por otra cuidarse a sí mismo para no adquirir un virus que es altamente contagioso.
Desde el inicio de la pandemia el área de seis camas con ventilador y otras dos sin ventilador están ocupadas la mayor parte del tiempo, sin que vean en las y los pacientes esa complicación pulmonar grave que enfrentan las personas adultas:
“Son más bien los cuadros neurológicos más frecuentes que antes, como encefalitis y crisis convulsivas” y muchos pacientes oncológicos positivos, a quienes pueden atribuir su agravamiento al COVID-19 como tal.
La mayoría de infantes que enferman de COVID-19 experimentan cuadros relativamente leves, con diarreas, dolor abdominal y no se complican, a menos que se trate de niños prematuros, recién nacidos o con otro problema de salud previo.
La enfermera Elda, quien lleva cinco meses prestando su servicio en el área COVID de este hospital califica como “un tema muy impactante” la atención a infantes que requieren mayor dedicación que una persona adulta: “Un descuido puede ser grave, pues se pueden caer de la cama o quitar el acceso venoso, uno dice COVID-19 y vemos el gran margen de problemas que pueden tener”.
El panorama
- 1,049 menores de 19 años han enfermado de COVID-19 en Oaxaca
- 24 han fallecido
- 9 defunciones han ocurrido en el grupo de menores de un año, siendo los más afectados
- 451 casos de contagios se han registrado en menores de 15 a 19 años, los más ocurrentes
“Son más bien los cuadros neurológicos más frecuentes que antes, como encefalitis y crisis convulsivas” .
César Zárate Morales, Cardiólogo pediatra.
“Un descuido puede ser grave, pues se pueden caer de la cama o quitar el acceso venoso, uno dice COVID-19 y vemos el gran margen de problemas que pueden tener”.
Elda, enfermera
“Es entendible que se tienen que satisfacer las necesidades y salir a la calle, pero si los exponemos a ellos (los bebés), la separación implica mucho más estrés en un hospital a tenerlos resguardados en casa".
Vicenta, enfermera.
