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Domingo, día del Señor

Una representación de los Tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, adorando al niño Jesús en el pesebre durante la celebración de la Epifanía.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.

“Y abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra…”

Evangelio: Mt. 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del Rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo en donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Palabra de Dios.

Celebramos en este domingo, la Epifanía, es decir la manifestación del Señor. Es un día en que la Iglesia recuerda y celebra la manifestación que el Niño Jesús hace a los magos de oriente y en ellos a la humanidad. Los magos son personas que en su humildad y sencillez están dispuestos a aceptar la revelación de Dios en la pequeñez de un Niño.

Pero ¿quiénes son estos personajes? Son personas que con humildad logran descubrir las huellas de Dios plasmadas en los acontecimientos de la vida; por ello vemos que se ponen en camino y van investigando, discerniendo dónde Dios se ha manifestado. Son hombres que meditan y se ponen en disposición para escuchar la voz de Dios. Contemplan las maravillas de la creación y descubren en ellas los misterios y designios de Dios; y al detectar su presencia son capaces de reconocer la grandeza de Dios. Se dejan guiar por un fenómeno natural, como fue la estrella, para llegar a Dios. Por eso vemos como cuando encuentran al niño dan lo mejor que llevaban, (oro, incienso y mirra) que representan al dinero, al amor y a la salud.

A sí, pues, los magos son un ejemplo de la búsqueda de Dios y esa disposición para encontrarlo y adorarlo. Una estrella fue quien los condujo, es decir, un signo de lo alto y supieron descubrir la presencia de Dios en un fenómeno natural, fueron conducidos y cuando encontraron al Niño lo adoraron y después regresaron a sus actividades cotidianas por otro camino.

Ahora bien, el mensaje es claro, los magos nos enseñan que hay que dejarse guiar, que es necesario meditar para concientizar en donde se nos manifiesta el Señor y qué es lo que nos está pidiendo en los acontecimientos de la vida diaria, pues se nos da a conocer de distintas formas y se necesita humildad para saberlo descubrir y reconocer su manifestación. No olvidemos, Dios se nos manifiesta en los distintos acontecimientos de nuestra vida y quiere que también nosotros lo reconozcamos y lo adoremos como nuestro Señor. 

Los Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado. El seguir a Dios implica sacrificio, pero cuando se trata de Dios cualquier esfuerzo y trabajo vale la pena.

Nadie que se encuentre con Jesús puede seguir por el mismo camino que andaba hasta que lo encontró (Mt. 2, 12b). Es más, Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, y hay que andar por Él (Jn. 14,6). “…regresaron a su tierra por otro camino”. El adviento nos preparó a celebrar la navidad y Juan Bautista nos decía, enderecen el camino del Señor, y eso significa conversión, andar en los caminos del Señor. Regresemos a nuestros quehaceres diarios por otro camino, el camino del amor, de la justicia, de la verdad y del bien. Como nos enseña San Pablo: “desnudémonos de las obras del mal”. Después de habernos encontrado con Cristo en esta navidad volvamos a nuestros centros de trabajo y a nuestras actividades cotidianas alabando y glorificando a Dios. 

Los magos de oriente son un itinerario del hombre que busca a Dios. Son capaces de dejar su trabajo, familia, comodidades. Se ponen en camino, se dejan guiar. El hombre que se deja guiar, como los magos, llegan a Dios: llegan a la felicidad, a la paz, a la alegría. Contemplan la belleza de Dios en la creación, la estrella es la luz de Dios que ilumina al hombre. Cuando encuentran al Niño lo adoran, le ofrecen regalos, abren sus cofres. Solo quien a encontrado a Dios, abre su corazón y luego su “cofre”, y da, se entrega. Por eso los magos al reconocer que es el Hijo de Dios le ofrecen lo que llevan. Oro: a los reyes; incienso: a Dios; mirra: a los hombres. 

Los magos regresan a su tierra por otro camino: se alejan de lo que les puede hacer daño. Se alejan del mal, de quien no ama a la vida, de quien su corazón está lleno de odio. En este nuevo año hay que andar en “otro camino”, el camino del amor, del respeto, de la honestidad.

Que también hagan eco en nosotros las palabras del profeta Isaías de la 1ª lectura: “Levántate y brilla como la estrella que condujo a los reyes magos a Jesús”. Levántate y brilla en tu familia, en tu trabajo, en la Universidad. Que tus buenas obras y tu buena manera de vivir atraigan la mirada de los demás para que se encuentren con Cristo Jesús. Dejémonos guiar e iluminar por Cristo para poder resplandecer y ayudar a otros a encontrarse con Dios.

Que las fiestas de navidad nos hayan ayudado a descubrir y a valorar el amor misericordioso de Dios en nuestras vidas y así regresemos renovados y con una nueva actitud a nuestras actividades cotidianas y le ofrezcamos lo mejor de nosotros y así lo adoraremos. Que el año que iniciamos sea de abundantes bendiciones. Feliz año 2026.

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