El bolsillo de las y los consumidores en México podría enfrentar un nuevo reto a partir de 2026. Proyecciones fiscales y comerciales apuntan a un incremento significativo en diversos bienes y servicios, impulsado principalmente por reformas al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y la aplicación de nuevos aranceles a productos importados.
Entre los aumentos más notorios se encuentran los relacionados con productos gravados por el IEPS. En el caso de los refrescos y bebidas azucaradas, se estima que el impuesto por litro podría incrementarse hasta en un 87 por ciento, lo que se traduciría en un aumento de entre seis y diez pesos en una botella de dos litros de marcas populares. El tabaco también resentiría el ajuste: el impuesto a los cigarros pasaría del 160 al 200 por ciento, provocando que el precio de las cajetillas supere los 100 pesos a partir de enero de 2026.
Otros sectores no tradicionales en este tipo de gravámenes también enfrentarán cambios. Los videojuegos con contenido considerado violento estarían sujetos a un impuesto del 32 por ciento, mientras que las apuestas, sorteos y juegos de azar registrarían alzas fiscales que irían del 30 al 67 por ciento, dependiendo del tipo de actividad.
A estos ajustes se suma la aprobación de nuevos aranceles a más de mil 400 productos importados, principalmente provenientes de China, lo que podría encarecer algunos artículos hasta en un 50 por ciento. Productos de higiene y cuidado personal, como pañales —con aumentos proyectados de hasta 35 por ciento—, pasta de dientes y jabones, figuran entre los más afectados. También se prevén incrementos en ropa, calzado, electrodomésticos, así como en vehículos y autopartes importadas.
El panorama se complica aún más por factores internacionales. En los mercados globales, los metales preciosos mantienen una tendencia al alza: proyecciones indican que el oro podría alcanzar promedios cercanos a los 4 mil 753 dólares por onza, mientras que la plata rondaría los 56 dólares hacia finales de 2026. En el sector energético, el crecimiento anual estimado del 3 por ciento en la demanda mundial de electricidad podría mantener la presión sobre las tarifas.
Finalmente, los bienes y servicios digitales tampoco quedarían exentos. Se anticipan ajustes en precios de suscripciones y compras en línea, derivados de cambios en los impuestos aplicables a plataformas digitales.
En conjunto, estas medidas configuran un escenario en el que el consumo cotidiano podría volverse más costoso, obligando a hogares y empresas a replantear sus gastos frente a un entorno económico cada vez más presionado.
