El reciente levantamiento de la huelga de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), después de veinte días de movilización, deja una conclusión política ineludible: el conflicto no terminó; entró en una nueva etapa. El gobierno federal no resolvió las demandas centrales del magisterio, particularmente la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y la modificación de fondo del sistema de pensiones. A cambio, presentó como logros algunos bonos económicos y una ruta de trabajo sobre carrera magisterial, medidas que pueden tener mínima utilidad inmediata, pero no sustituyen las reivindicaciones estructurales del movimiento magisterial.
Para el Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación de Oaxaca (MDTEO), el momento actual no debe leerse únicamente como reflujo, desgaste o pausa obligada. También debe convertirse en una oportunidad de balance, reorganización y relanzamiento estratégico. En la lucha sindical, ninguna concesión patronal, por favorable que parezca, clausura el conflicto entre trabajadores y empleador. La dirigencia corrupta no entiende que la relación laboral está atravesada por intereses contrapuestos y por calendarios legales, presupuestales y políticos que obligan a preparar cada nueva etapa con método, claridad y fuerza acumulada. Pero las bases magisteriales tienen tareas por delante.
Primera tarea, evaluar con seriedad la jornada de lucha reciente. Sin descalificaciones ni de justificar mecánicamente lo ocurrido, pero abriendo espacios reales de autocrítica y debate para identificar aciertos, errores, límites y posibilidades. Las demandas inconclusas deben ser depuradas, jerarquizadas y sustentadas con argumentos técnicos, jurídicos, financieros y políticos. El tema de la seguridad social, por ejemplo, requiere una reconstrucción rigurosa con especialistas que permitan formular una propuesta alterna sólida frente a un gobierno que ha mostrado cerrazón y soberbia ante las exigencias del magisterio.
Segunda tarea, disputar públicamente el sentido de lo conseguido y de lo pendiente. Frente a la propaganda oficial y a la narrativa mediática adversa, (de la derecha y 4T hoy aliadas contra la CNTE) el movimiento debe explicar con precisión que los recursos destinados al servicio educativo no son administrados por los docentes. Los dineros etiquetados pasan por estructuras gubernamentales federales y locales, muchas veces opacas y perversas en su gestión y aplicación. Por eso es indispensable distinguir entre beneficios laborales directos, obligaciones presupuestales del Estado y recursos educativos que no pasan por manos del magisterio.
Tercera tarea, consiste en rediseñar las formas de presión. El movimiento debe construir acciones que afecten de manera más directa al empleador y reduzcan, en la medida de lo posible, el costo social sobre estudiantes, madres y padres de familia. Esto exige creatividad política, disciplina organizativa y capacidad de alianza. La defensa de las pensiones no puede quedar confinada al magisterio: involucra a trabajadores al servicio del Estado, empleados de distintos sectores, organizaciones sindicales y amplias franjas laborales que enfrentan el mismo deterioro de sus derechos sociales.
En ese marco de referencia aparece una pregunta estratégica: ¿cuál puede ser el próximo punto de inflexión? La coyuntura electoral de 2027, incluida la disputa política en Oaxaca por la minigubernatura, puede convertirse en un terreno de presión real si el MDTEO actúa con autonomía, inteligencia táctica y visión de largo plazo. La llamada cuarta transformación sostiene buena parte de su legitimidad en el respaldo electoral. Si el gobierno mantiene cerrada la puerta a las demandas centrales de la CNTE, el movimiento tiene derecho a discutir si esa cerrazón debe tener un costo político en las urnas: el voto de castigo.
Esta discusión no debe confundirse con subordinación jarista, partidista ni con oportunismo individual. Por el contrario, debe partir de la independencia y autonomía política del movimiento magisterial. El debate sería del como el MDTEO evitaría diluirse en la lógica de los partidos, y hasta donde utilizar la coyuntura electoral como una herramienta más de lucha. El voto de castigo, la construcción de alianzas sociales, la intervención comunitaria y la eventual promoción de candidaturas legítimas (no individuales sino del MDTEO y aliados) vinculadas a una agenda laboral clara son opciones que requieren deliberación colectiva, reglas transparentes y compromisos verificables.
La experiencia demuestra que algunos exdirigentes y militantes han usado los procesos electorales de manera personal, discreta o vergonzante, sin rendición de cuentas al movimiento. Precisamente por eso se necesita discutir una táctica pública, colectiva y democrática. La participación electoral no es, por sí misma, ajena a la lucha sindical; puede ser una extensión de la lucha de los trabajadores cuando se subordina a un programa, a una base organizada y a objetivos verificables. Lo contrario sería repetir la vuelta a la noria: movilización, desgaste, concesiones parciales y regreso al mismo punto de partida.
El MDTEO necesita convertir el reflujo en reorganización; el enojo, en propuesta; y la fuerza acumulada, en estrategia. La defensa de la seguridad social, las pensiones dignas, la estabilidad laboral y la educación pública exige algo más que resistencia inmediata: requiere dirección política acotada, argumentos sólidos, alianzas amplias y capacidad para golpear donde el poder sí resiente. Si el gobierno no escucha en la mesa, el movimiento debe encontrar los medios democráticos, sindicales y políticos para hacerse escuchar en el país y en Oaxaca.
Oaxaca 25.06.26.
