Pasar al contenido principal

Entre AFOREs y reparto: ¿Tercera vía para las pensiones?

Foto(s): Cortesía
Joel Vicente Cortés

Cuanto más nos acercamos a la inauguración del Mundial de la FIFA, más débil se mira la posición del Gobierno frente a las exigencias de la CNTE. Esta coordinadora está empeñada en lograr lo que demanda (tema pensionario) o, de lo contrario, estropear el Mundial. Radicalizados proclaman: sin entrevista con la Presidenta no hay Mundial. Las mesas dialogantes sin avances muestran mala táctica negociadora; salta a la vista, por un lado, el Gobierno cerrado y, por el otro, la CNTE empoderada por la coyuntura. La Presidenta (CSP) no está dispuesta a emplear la fuerza pública. Ello no suprime la tentación represora, pero obsequia al rival el punto blando del Gobierno, lo cual facilita atacarlo y hacer que la presión que ejerzan afecte más.

¿Qué tiene que ver la Cuarta Transformación (4T) con este debate? El debate sobre las AFORE revela una de las mayores contradicciones ideológicas de la 4T. Durante décadas, López Obrador denunció las reformas neoliberales impulsadas desde los gobiernos de Salinas, Zedillo y Calderón. Entre ellas, la reforma pensionaria de 1997 y 2007, que sustituyó el sistema solidario por las cuentas individuales administradas por las AFORE. Desde la lógica política del obradorismo, las AFORE representan uno de los símbolos más visibles del modelo neoliberal: la transferencia de funciones públicas hacia los mercados financieros y la conversión de derechos sociales en negocios privados. Sin embargo, una vez en el gobierno, la realidad fiscal impuso límites que la retórica política no pudo borrar.

La 4T no eliminó las AFORE. Por el contrario, las conservó. Intentó corregir algunos de sus efectos más regresivos mediante una mayor participación estatal. Primero aumentó las aportaciones patronales. Después creó el Fondo de Pensiones para el Bienestar para complementar las jubilaciones más bajas. Luego impulsó mecanismos para utilizar recursos de cuentas inactivas para fortalecer dicho fondo. En otras palabras, el obradorismo descubrió lo mismo que habían descubierto gobiernos de distintas ideologías en todo el mundo: regresar íntegramente al sistema de reparto resulta financieramente inviable para países con bajo crecimiento económico, alta informalidad laboral y envejecimiento demográfico. Pero la contradicción va más allá.

Mientras el discurso oficial sigue presentándose como una ruptura histórica con el neoliberalismo, en los hechos el Estado continúa dependiendo de los mismos mercados financieros que alimentan las AFORE. Una parte importante de los recursos administrados por estas instituciones financia deuda pública, infraestructura y proyectos gubernamentales. Así, el gobierno critica al modelo, pero necesita que el modelo siga funcionando. La paradoja es evidente: las AFORE sobreviven porque el Estado no puede sustituirlas; y el Estado necesita sus recursos para sostener buena parte de su estrategia económica.

Para los trabajadores esto deja una lección importante. El problema es financiero y también político. Durante años el neoliberalismo trasladó al individuo la responsabilidad de su retiro. Ahora existe el riesgo de que el péndulo se mueva hacia el extremo contrario: concentrar cada vez más recursos en manos del gobierno bajo la promesa de una futura justicia social. Ninguno de los extremos ofrece garantías suficientes. El primero termina subordinando las pensiones a la lógica de los mercados. El segundo puede terminar subordinándolas a los intereses del poder político de turno. Por eso, la verdadera discusión debería centrarse en construir instituciones capaces de proteger el ahorro de los trabajadores tanto de la especulación financiera como de la discrecionalidad gubernamental.

La historia mexicana enseña que los recursos públicos han sido utilizados indistintamente por gobiernos priistas, panistas y ahora morenistas para fortalecer proyectos políticos (caja chica). Cambian los discursos, cambian los colores y cambian los liderazgos, pero la tentación de utilizar el ahorro social como instrumento de control político permanece sorprendentemente intacta. Ahí reside la enseñanza más incómoda para la Cuarta Transformación: denunciar el neoliberalismo no basta para superarlo. El gobierno conserva las mismas estructuras que critica; entonces la frontera entre transformación y administración del sistema comienza a volverse peligrosamente difusa.

Para los trabajadores de la educación, el verdadero debate no es solamente si desaparecen las AFORE. El problema central es que el sistema actual fue diseñado para trasladar al individuo todo el riesgo del envejecimiento. Si los mercados financieros caen, pierde el trabajador. Si la esperanza de vida aumenta, pierde el trabajador. Si los salarios permanecen bajos durante décadas, pierde el trabajador. Los bancos casi nunca pierden. La discusión sobre las pensiones refleja un problema más profundo de nuestro tiempo. Durante el neoliberalismo se nos dijo que el mercado resolvería todo. Hoy algunos creen que basta con que el Estado recupere todo para solucionar los mismos problemas. Ambas visiones comparten un defecto: exigen actos de fe. Una deposita la confianza absoluta en los banqueros. La otra, en los gobiernos.

Una alternativa: un sistema mixto solidario. Tal vez la verdadera disyuntiva no sea elegir entre AFORE o reparto, sino construir un sistema donde el ahorro sea individual, la protección sea colectiva y la vigilancia sea ciudadana. Porque cuando los extremos se disputan el futuro de las pensiones, quienes terminan pagando la cuenta suelen ser los mismos de siempre: los trabajadores que pasaron toda una vida sosteniendo al país y descubren, al final de su carrera, que la jubilación prometida era apenas otra reforma vendida como salvación histórica. Se debería construir una tercera vía que rara vez aparece en el debate público. Ni neoliberalismo puro ni estatismo absoluto. Un modelo mixto. La idea sería mantener la propiedad individual de los ahorros, pero limitar drásticamente el poder de las administradoras privadas y fortalecer un componente solidario financiado por el Estado. Los trabajadores sabemos que ninguna de las dos instituciones ha demostrado ser generosa cuando se trata de repartir riqueza. La verdadera disyuntiva no es elegir entre AFORE o reparto, sino construir un sistema donde el ahorro sea individual, la protección sea colectiva y la vigilancia sea ciudadana. Cuando los extremos se disputan el futuro de las pensiones, quienes terminan pagando la cuenta son los mismos de siempre: los trabajadores que pasaron toda una vida sosteniendo al país y descubren, al final de su carrera, que la jubilación prometida era apenas otra reforma vendida como salvación histórica.


[email protected]

 

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.