La llamada Cuesta de Enero llegará con el arranque de 2026 y se anticipa más pesada para las familias mexicanas, debido a una combinación de aumentos fiscales, inflación persistente y precios elevados heredados de 2025, lo que podría extender el impacto económico más allá del primer mes del año.
El periodo comienza formalmente el 1 de enero de 2026, cuando entran en vigor las actualizaciones fiscales anuales y los hogares aún resienten los gastos de las celebraciones decembrinas. A diferencia de otros años, especialistas advierten que el ajuste al bolsillo será más prolongado, ya que los incrementos en impuestos y el encarecimiento de productos básicos coincidirán con un entorno económico poco favorable.
Entre los principales aumentos previstos destacan los ajustes al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). La gasolina y el diésel registrarán incrementos por la actualización de este gravamen, impactando directamente a automovilistas y al costo del transporte. Las bebidas azucaradas y refrescos también subirán de precio por el aumento del impuesto por litro, mientras que los cigarros enfrentarán un nuevo ajuste al alza en el impuesto al tabaco, encareciendo cada cajetilla.
Otros productos y servicios también resentirán cambios fiscales. Los sueros orales que no cumplan con los estándares de la Organización Mundial de la Salud serán gravados con un impuesto especial; los videojuegos con contenido violento pagarán un impuesto adicional del 8 por ciento, y se prevén ajustes que impactarán a los juegos de azar y a algunos servicios culturales, como museos.
A este escenario se suma la inflación persistente, que se estima se mantenga por encima del 4 por ciento durante 2026. Este fenómeno ya debilitó el poder adquisitivo de los hogares a lo largo de 2025 y continuará presionando los precios de alimentos, servicios y transporte. Además, un mercado laboral frágil y la limitada recuperación del ingreso real complicarán aún más la capacidad de consumo y ahorro de las familias.
Si bien el Mundial de Futbol podría generar un impulso económico temporal por el aumento en el consumo y el turismo, analistas advierten que también existe el riesgo de un repunte en el endeudamiento de los hogares tras el evento, lo que podría agravar la situación financiera en los meses posteriores.
Con este panorama, la Cuesta de Enero de 2026 no solo se perfila como un ajuste estacional, sino como un periodo de presión prolongada para millones de familias, que enfrentarán un inicio de año marcado por impuestos más altos, precios elevados y un poder adquisitivo limitado.
