“El plan de vida me lo quemaron junto con la piel, tengo que volver a empezar”, escribió María Elena Ríos Ortiz, saxofonista oaxaqueña sobreviviente de feminicidio al reflexionar su vida, a un año dos meses del ataque con ácido que lesionó su rostro, brazos y piernas.
“No soy la saxofonista quemada con ácido, no. Tampoco soy “la quemada”, como me interiorizan de modo burlesco y en anonimato, en su mayoría, los representantes del patriarcado y las que poseen sentido de pensamiento angosto y conservador (…) Mi nombre es María y Elena, de apellidos Ríos y Ortiz; soy saxofonista y comunicóloga de profesión", expone.
"Dañaron al órgano más grande de mi cuerpo: sí, mi piel. Pero mi voz, mi pensar, mi andar, imaginar, crear y todo lo que se me ocurra mirar soy, porque mientras tengamos el privilegio de poseer vida hay que vivir y agradecer, no importa el motivo”, expresó.
Sus redes sociales se volvieron el lienzo de sus expresiones, y aunque con libertad limitada por una justicia incompleta, grita que sigue viva y de pie: “Comencé a trenzarme el cabello con coloridos listones como antes. Ya cada que lo hago imagino con singularidad la lucha de miles de mujeres precursoras de un cambio que si bien lo palparán con más generosidad futuras generaciones”.
La vida de Ríos Ortiz cambió el 9 de septiembre de 2019 cuando, a sueldo, dos sujetos le lanzaron ácido para después huir.
En diciembre de ese mismo año, y sólo a partir de la presión mediática, la Fiscalía de Oaxaca ejecutó la orden de aprehensión contra P. H. y R.H., padre e hijo, señalados como autores materiales, quienes en su declaración indicaron haber sido contratados por 30 mil pesos para ejecutar el intento de feminicidio. Más adelante dos personas más, entre ellos un exdiputado local, fueron detenidas como parte de las 5 implicadas en el ataque. Uno más, el hijo del exdiputado, continúa sin ser aprehendido.
Desde el ataque, Ríos Ortiz se vio comprometida a iniciar una lucha por una vida libre de violencia para las mujeres y ser férrea en exigir justicia, pues su caso al ser emblemático sentaría precedente.
“Nos obligan a cubrirnos el cuerpo y cara dañada de latigazos físicos y morales. Yo aún estoy en esa condición”, dice.
“Se cumple un día más de saber que mi último agresor sigue libre y a los ojos de las autoridades no pasa nada, ya basta”, sentenció.
