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A la deriva el albergue indígena de Cuicatlán, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN JUAN BAUTISTA, CUICATLAN.-Un fuerte viento azota de manera repentina, el polvo se alza de inmediato y cae sobre las mesas y bancas del comedor del albergue indígena Lázaro Cárdenas; no hay forma de evitarlo, más en esta temporada de frío, donde la falta de instalaciones dignas deja al descubierto las carencias de este hogar.


Ubicado a alrededor de15 minutos en auto del centro de este municipio, a un costado de la pista abandonada que construyó el ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano, y a dos horas y media de la capital del estado, el albergue indígena sortea las carencias para los alumnos entre el frío y los techos que se caen a pedazos.


En este espacio son atendidos 46 niños y adolescentes de comunidades indígenas vecinas a San Juan Bautista Cuicatlán, todos los menores son de escasos recursos y sus padres han visto en el albergue la única opción para que los pequeños puedan estudiar y también tengan cómo alimentarse.


A las 5:40 horas inicia la labor cotidiana de los chicos que han encontrado en este espacio un hogar. Arreglan sus camas, se asean, visten el uniforme de escuela y se trasladan al comedor.


Apenas limpian las mesas los vientos de invierno que azotan a esta región cálida levantan una polvadera que se adentra hasta la cocina del albergue; no hay de otra, expuestos al frío y a una escarcha de arena fina así desayunan, comen y cenan los menores.



Las alumnas no cuentan con baños dignos. FOTO: Emilio Morales

Profundas carencias


Recientemente las instalaciones del albergue recibieron una “manita de gato”; sin embargo, ni con pintura nueva pudieron tapar las deficiencias que por el tiempo registran los techos de lámina que se descascaran y representan un grito de “auxilio”.


Un aparato redondo pegado a la pared (detector de humo), sin funcionar, es la muestra más evidente que el pequeño edificio no ha recibido la atención necesaria por las autoridades.


“Lo tenemos de adorno porque no funciona, lo que necesitamos es una alerta sísmica, pero es como lanzar una llamada de alerta al aire”, dice el encargado del albergue, Manuel Vázquez.


En los dormitorios se agudizan las carencias, si bien hay literas y lockers nuevos dotados por las autoridades a base de la presión realizada por los profesores sindicalizados, en los cuartos se precia la necesidad urgente de una remodelación.



Los techos principales del albergue se desprenden por falta de mantenimiento. FOTO: Emilio Morales

Una promesa incumplida


El edificio de este albergue tiene poco más de 40 años, se construyó en un terreno donado por ejidatarios de la comunidad, aunque años después les redujeron el área sin motivo o aviso alguno.


Un decreto presidencial señalaba que sido beneficiado para construir nuevas instalaciones, más adecuadas y dignas.


Tras casi seis años de espera, la promesa presidencial nunca se hizo efectiva; mientras, las gestiones ante las distintas instancias desde hace más de dos años, entre ellas la Comisión Nacional de Desarrollo para la atención de Pueblos Indígenas (CDI) ha pasado inadvertida o bien solo se les ha dado largas.


El profesor Manuel Vázquez asegura que es urgente un nuevo edificio para el albergue pues, a falta de un comedor adecuado, los internos están expuestos a las inclemencias del tiempo y son vulnerables a enfermedades como resultado de la contaminación de los alimentos.


“Esta techado, pero entra el polvo de los lados y pues los niños están expuestos a enfermedades, también ya se nos han hecho observaciones de estas condiciones, pero qué podemos hacer si no nos hacen caso”.



Los menores se ven obligados a comer entre el polvo que se levanta a falta de un comedor digno. FOTO: Emilio Morales

Treinta pesos la beca alimentaria


Un niño que se hospeda en el albergue recibe una beca por CDI de 30.25 centavos, ¿quién puede desayunar, comer y cenar con esa cantidad?, cuestiona Juan Hernández Cruz, jefe de zonas escolares de Cuicatlán.


El personal, dice, tiene que hacer milagros para lograr abastecer de lo necesario y que los niños reciban alimentos variados y frescos, dado que la cantidad es mínima.


Falta personal


Aunado a ello, la estancia cuenta con solo tres personas para su atención, dos cocineras, que a la vez cuidan y fungen como maestras y el encargado o director, que tiene que desempeñar tareas hasta de psicólogo.


“Para que el lugar este bien atendido por lo menos debemos ser cuatro personas: un profesor quien apoye a las tareas de los menores, pues no nos damos abasto y por lo menos un médico más”.


Relata que muchos de los menores enfrentan situaciones difíciles en sus familias, no solo por las carencias económicas, sino también rupturas familiares que, en algunos casos, proyectan durante su estancia en el albergue o con el resto de los compañeros.



Quienes asisten a los albergues son niños, niñas y adolescentes de comunidades escasos recursos. FOTO: Emilio Morales

“Es una situación difícil las que acarrean los niños como rupturas familiares, porque hay un tercer involucrado en el matrimonio y, quienes resultan afectados, son los hijos; se presentan casos de maltrato, entre otros”. Asegura que en el albergue "afortunadamente han logrado evitar violencia o violaciones a derechos humanos".


Albergues indígenas, una esperanza


Gregorio Díaz Navor, coordinador de albergues indígenas, sostiene que en la zona hay seis edificios de este tipo que atienden a un promedio de 300 niños de comunidades alejadas y que son la única opción para salir adelante.


Sin embargo, el apoyo que se les brinda solo se tratan de paliativos mediante los cuales las autoridades justifican una atención insuficiente a estas estancias. “Los tres niveles de gobierno han dado la importancia a los albergues; muchas veces los presidentes municipales niegan la ayuda porque no se atienden a niños de la comunidad muchos vienen de otras comunidades porque así lo marca los requisitos, pero eso no lo entienden”.


La CDI destina anualmente apenas 30 mil pesos para el mantenimiento del albergue, cantidad insuficiente, incluso la dependencia ha contratado a empresas para obras y remodelaciones que requieren, pero los resultados son de mala calidad. “Requerimos que nos atiendan, que no se roben el dinero y lo destinen para lo que es”.


A las 14:00 horas, los pequeños regresan de la escuela, corren hacia el albergue, se lavan las manos y, con ansias, se mantienen a la expectativa de lo que van a comer.

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