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Exesposo amenaza con quitarle a los hijos

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

En agosto Magdalena cortó con 17 años de violencia familiar. La decisión fue firme y sin vuelta de hoja. Ella dejó la casa y solicitó el divorcio. Por distintas formas, su ahora expareja, intentó hacer que regresara. Frente a la negativa, una demanda de guarda y custodia interpuesta por él se volvió el instrumento de venganza.


“En agosto decidí salirme de la casa en donde vivía con el papá de mis hijos. Los problemas eran constantes. Dije que era suficiente. El 21 de agosto interpuse la demanda de divorcio. Tiempo atrás ya había intentado salirme porque constantemente era agredida. Él siempre me convencía o me amenazaba con quitarme a los niños. Esta vez me armé de valor”, cuenta Magdalena Rodríguez Zamora.


Ella es madre de dos adolescentes, uno de 17 y otra de 13 años, así como de una bebé de dos años de edad, quien actualmente vive con ella, pero que corre el riesgo de perder.


Semanas antes del 8 de noviembre, día de la primera audiencia para el divorcio, Felipe R. P., su entonces esposo, trató de convencer a Magdalena que regresara a casa: “Me dijo que lo hiciera por los niños; no lo hice, pero le di un voto de confianza, pensando en que podríamos llegar a una separación en buenos términos; no fue así, el día de la audiencia me amenazó con quitarme a los niños si seguía con la demanda”, recordó.



"No quiero que mi hija viva lo que vivieron mis otros dos hijos": Magdalena.  FOTO: Citlalli López Velázquez

Concedido el divorcio por la jueza, en esa misma audiencia Magdalena fue emplazada debido a la demanda de guarda y custodia presentada por su expareja, así como a la de pensión alimenticia, a sabiendas que ella no contaba con un empleo porque él se lo prohibía.


La jueza del sexto de lo familiar le hizo saber que la demanda que Magdalena había interpuesto por guarda y custodia, así como pensión alimenticia, sería aplazada para dar lugar a la que presentó Felipe. Un frío recorrió su cuerpo, se sintió desarmada.


Maltrato físico y psicológico


Para Magdalena, contar la historia de violencia que vivió a lo largo de su vida, es desahogarse para ayudarse a sanar, pero también -dijo- para que el silencio no normalice lo que muchas mujeres enfrentan en soledad en sus hogares.


Ella recuerda que su primer hijo lo tuvo a los 18 años, pero Felipe desapareció en cuanto supo que estaba embarazada; cuando el bebé tenía cuatro meses de nacido, regresó para reconocerlo.



La menor apenas tiene dos años de edad.  FOTO: Citlalli López Velázquez

“Ya habíamos llegado a un acuerdo. Yo aún no me iba a ir a vivir con él, pero un día fuimos a comprar cosas para el bebé, después fuimos a su casa y ya no me dejó salir. Desde ese momento él empezó a mandarme y a golpearme", relata.


La situación de violencia fue en incremento, incluso cometida por la madre de Felipe, dado que durante los 17 años de casados habitaron con ellos.


“A mí no me quedó de otra más que aguantar. Siempre me decía que conocía mucha gente, que tenía familiares policías y otros que se dedican a cosas ilícitas. Era una manera de decirme que no me atreviera a hacer algo”.


El tiempo transcurrió. Magdalena poco a poco fue aislada de su familia y otras redes de apoyo. No tenía autonomía económica, ya que Felipe le había prohibido tener un empleo.  Además de la violencia física, Felipe también ejercía sobre ella violencia psicológica, no la tomaba en cuenta en decisiones familiares, e incluso desacreditaba su autoridad frente a sus hijos.


Fue en agosto de este año, cuando Magdalena decidió cortar con todo. Aquella vez estaban en casa de su hermano en una cena con motivo de su cumpleaños. Felipe estuvo insistente en regresar a casa, pues aseguraba que Magdalena había coqueteado con una persona que asistió a la reunión. Al salir Felipe comenzó a agredirla.



La madre de familia pide a las autoridades analizar el contexto antes de decidir sobre la guarda y custodia.  FOTO: Citlalli López Velázquez

“Me decía: 'no me vas a ver la cara'. Yo me sonreí y le pregunté de qué hablaba. En ese momento me agarró del cuello, me lanzó tres puñetazos que no me golpearon porque pegaron en las piernas de mi nena. En ese momento decidí que no quería que mi hija viviera lo mismo que sus hermanos”.


Magdalena nunca se atrevió a interponer una denuncia por violencia familiar, incluso no lo hizo como argumento para demandar el divorcio. En su insistencia por hacer que ella regresara a casa, Felipe ofreció ir a terapias de pareja; creía que de esta manera lograría hacerla cambiar de opinión. Al no lograr su objetivo, determinó cumplir su advertencia de quitarle a los hijos. Desacreditando a Magdalena, Felipe logró que los dos mayores eligieran quedarse con él.


Síndrome de Alienación Parental


Para el abogado de Magdalena, dicha conducta en la que ha incurrido Felipe es constitutiva de otro delito llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP), denominado así en 1985 por el psiquiatra infantil y forense de la ciudad de Nueva York, Richard Gardner.


Gardner definió el SAP como "un trastorno que surge principalmente en el contexto de las disputas por la guarda y custodia de los niños. Su primera manifestación es una campaña de difamación contra uno de los padres por parte del hijo, que no tiene justificación. El fenómeno resulta de la combinación del sistemático adoctrinamiento de uno de los padres y de las propias contribuciones del niño dirigidas a la denigración del progenitor objeto de esta campaña".



Durante 17 años de matrimonio vivió violencia familiar. Por cortar con esa cadena, su exesposo Felipe busca vengarse.  FOTO: Citlalli López Velázquez

Según este concepto, es un proceso por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos mediante diferentes estrategias, con el objeto de impedir, obstaculizar o destruir el vínculo con el otro progenitor. 


De acuerdo con Magdalena, Felipe también se ha escudado en la figura de sus hijos para que ella no pudiera recoger sus cosas, incluso logró despojarla de su celular.


"Él dice: 'es que tus hijos sacaron tus cosas, tus hijos rompieron las fotografías, tus hijos me pidieron el celular que tú utilizas'. Todo lo hace poniendo a ellos como escudo", señala.


Ante esta situación, Magdalena sólo pide a las autoridades competentes poder mantener la guarda y custodia de su pequeña de dos años de edad y llegar a un acuerdo que le permita ver a sus otros dos hijos. Ella señala que incluso ha llegado a temer por su vida y por la de sus familiares, ante la forma violenta en que Felipe pueda reaccionar si ella continúa con el proceso legal.

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