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Abuelas-Madres: orfandad tras el feminicidio

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

María de los Ángeles lleva en el cabello pintado el cansancio pero en la voz firme la exigencia de una lucha de casi 13 años por alcanzar justicia para su hija, Marlyn del Rosario. Además de la defensa en el caso, la mujer de 53 años de edad debió asumir la labor de abuela madre frente a la orfandad que deja el feminicidio.


“A ella me la mataron, fue un feminicidio aunque las autoridades no lo quieran ver así. Ellos le mataron a su madre, le quitaron todo”.


Al cerrar los ojos regresa aquella imagen cuando vio a Marlyn por última vez en la cama del Hospital Doctor Aurelio Valdivieso la mañana del 16 de agosto de 2006. La joven, de sólo 22 años de edad, estaba con el cuerpo completamente hinchado y sangrando por todas partes tras un aborto practicado en condiciones de riesgo al que habría sido obligada a someterse por su pareja.


Marlyn había sido intervenida en un consultorio dental ubicado en Plan de Ayala y Prolongación de Victoria, en la agencia de Cinco Señores. Algo salió mal y fue traslada de manera urgente al hospital público. Llevaba la caja toráxica desecha.


“Ellos le mataron a su madre. Ellos ocasionaron ese daño, pero ni el padre, ni los médicos se han hecho responsables, yo soy la que veo por él, la que cubro todo, pero tampoco tengo comprada la vida. Yo pienso ¿que va a ser de él si yo llegara a faltarle?”.


Sus palabras salen sin parar un sólo minuto del movimiento repetitivo de sus manos amasando, aplanando y colocando la masa sobre el comal.



Los feminicidios han dejado más de 500 niñas y niños en la orfandad

El fogón, su sustento


Para solventar los gastos de ella y su nieto, María de los Ángeles se levanta por la madrugada, poco antes de que den las cuatro comienza con la elaboración de tortillas hechas a mano. Son casi diez horas parada frente al fogón de su cocina salpicada con enseres maltrechos y una veladora encendida permanentemente en recuerdo de su hija.


A pesar de los años, ni el coraje, ni las lágrimas se alejaron. La tristeza es grande pero sobre todo la impotencia porque hasta el momento nadie está sentenciado por la muerte de Marlyn. Los médicos Alfonso S. Z. y Darwin P.G. siguen ejerciendo. A través de una serie de amparos continúan alargando el proceso. Josué R. C. pareja de Marlyn, fue absuelto de todo cargo al considerar que no habían elementos para responsabilizarlo.


La oblilgaron a abortar


El caso fue investigado como una probable negligencia médica. Para María de los Ángeles también tuvo que haber sido tratado como un feminicidio, pues consideró que a ella la obligaron a abortar.


“Por eso me duele escuchar cuando dicen en las noticias que ya mataron a una mujer, que ya mataron a otra. ¿Con qué esperanza sus padres va a pedir justicia si no hay? Es de años que voy y vengo, a veces ya lo quiero dejar, pero me digo No, ahí está su hijo sin el amparo de nadie, sólo el mío. A veces me ve llorar, me ve triste y me dice: ya mamá, ya deja eso. Yo siempre le he dicho que lo quiero mucho, es lo único que me dejó mi hija, de todo este problema es lo único que gané, un trozo de mi hija, ahí está su sangre y el recuerdo de la única hija que tuve”.


La triste visita al panteón


Ian se acerca a María de los Ángeles - Ya me voy mamá- le dice, se acerca a ella para recibir su bendición y un beso. Desde los seis meses en los que se quedó en brazos de su abuela, él la mira como su madre, aún así cada ocho días acuden al panteón, “Nunca faltamos. Llegado el 10 de mayo, a mediodía dejo de trabajar y nos vamos a llevarle flores a mi hija. Él sabe que ahí está su madre, él sabe esta historia tan triste. Yo sólo le pido a ella que me ayude a salir adelante con su hijo”.


Ian cursa el primer grado de secundaria. Tiene gusto por el fútbol y hasta hace un par de años quería ser médico. “Andaba para todos lados con un libro de anatomía”, recuerda María de los Ángeles. Ahora su futuro es incierto pues la salud de María, de su abuela, fue mermada por la diabetes.


Feminicidios, cientos de huérfanos


A pesar de ser víctimas indirectas de los feminicidios, las hijas e hijos de las mujeres asesinadas en el estado no figuran en ningún recuento. En 2017 la entonces fiscal en Atención de Delitos contra la Mujer, Rosario Villalobos Rueda, afirmó que en Oaxaca habían 530 huérfanos, de 582 feminicidios ocurridos en el sexenio de 2010 a 2016. Los casos siguieron acumulándose en los años posteriores a la par del recrudecimiento de la violencia en el estado.


Más allá de las cifras, las y los hijos de las víctimas de feminicidios se encuentran en completo desamparo pues no existe un programa o proyecto de atención para garantizar sus derechos fundamentales como la salud, educación o alimentación.


La mayoría queda al cuidado de las abuelas, quienes además de recorrer un tortuoso camino en busca de justicia, también ven duplicadas sus labores en el cuidado de sus nietos, muchas de ellas en edades que rebasan los 45 años.


Uno de los más recientes casos de la orfandad que dejan los feminicidios ocurrió en abril de 2018. La víctima fue una joven llamada Reyna cuyo cuerpo fue hallado dentro de un tambo. El feminicidio dejó tres niños en la orfandad, el más pequeño de menos de un mes de nacido.

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