CIUDAD DE MÉXICO.- Víctor Hernal y Francisco Saldaña, diseñadores de Malafacha, le han dado vida a un concepto de moda que, más que sinónimo de desarreglo, se traduce en un vestir poco convencional.
Tema que ha ganado pleno reconocimiento en boutiques y pasarelas, donde la originalidad vibra al ritmo de la creatividad y buena manufactura de este par de artistas, invariablemente vestidos de negro.
Hoy, en complicidad con la lente del fotógrafo mexicano José Manuel Ruiz, los Malafacha cuentan a REFORMA la historia de un espíritu que, por fortuna, sigue vagando entre los sueños de los mexicanos.
"Es La Catrina, elegante y seductora, quien embruja a la vista, seduce con su esmerado arreglo y modifica la realidad a partir de todos sus adornos", dice Francisco.
Las Calles del Centro Histórico son el marco perfecto para proyectar esa estética tan familiar a las tradiciones del País, que encanta por su riqueza cultural e imaginación.
Bieses del matiz de la piedra azteca se fusionan con plumas de aves tan coloridas como misteriosas, mientras acentos rojos como la sangre de un pueblo guerrero delinean el traje. En tanto, drapeados, holanes y fulgores dorados hablan del glamour de época y la costura de raíces europeas.
"Esta Catrina cobra vida al son del maquillaje arriesgado de Gloria Torres y la indumentaria es resultado del sincretismo entre culturas", dice Víctor.
ASÍ LO DIJO
"La muerte es transición, el paso a otro plano. Una despedida, un agradecimiento por lo vivido y lo compartido. Iniciamos la vida con un suspiro, un llanto y con los brazos arriba... y así nos vamos"
Francisco Saldaña, diseñador de Malafacha
La flaca por Mafud
Para este Día de Muertos, el creativo Armando Mafud realizó un diseño en tonos alegres que demuestra que a la muerte se le enfrenta con una sonrisa y no con tristezas.
En el vestido utilizó sus clásicas flores de la región de Tehuantepec pintadas a mano, así como un corset adornado con calaveras rosas para honrar a las víctimas del cáncer de mama.
La modelo Laura Reyes luce también un pectoral pequeño con flores, un resplandor o huipil -que utilizan las mujeres de aquella región para ir a la misa- y una gran calaca de azúcar en las manos.
El look se complementa con brazaletes de brillantería con motivos naturales y aretes de filigrana provenientes de Oaxaca.
