Cibell Naime Yordi nació el 24 de enero de 1976, en la ciudad de Caracas (Venezuela). Fue hija de Shauki Naime y Salam Yordi de Naime.
En una de aquellas casas residía la familia Naime Yordi, cuyos miembros se regían por los ritos y tradiciones del drusismo, uno de los dieciocho grupos confesionales que conviven en el Líbano, su país de origen.
En 1994, a sus dieciocho años, era una chica menuda, de tez morena y hermosos ojos negros, destinada por sus padres a contraer nupcias con un joven de fe drusa, de acuerdo a las costumbres que rigen en el Líbano.
Quienes la conocieron la recordarían como una persona emocionalmente inestable y temerosa, que sin embargo no dudaba en meterse en problemas; problemas que generaban la ira de su padre y atraían sobre ella terribles castigos. A la edad en que muchos jóvenes estudiaban los primeros semestres universitarios, Cibell aún cursaba un combinado de tercero y cuarto del bachillerato por parasistema.
En 1992, un joven llamado Miguel Tauil Musso se graduó como abogado; tenía 28 años. Quizás por cumplir con alguna tradición familiar escogió cursar la misma carrera de su padre, pero al egresar de la universidad optó por dedicarse a la cría y venta de animales de raza.
El centro de operaciones de su pequeña empresa era la casa en la que aún vivía con sus progenitores. Miguel contaba con un socio, su joven amigo de 19 años Juan Carlos González, estudiante del primer año de Farmacia de la Universidad Santa María; se promocionaban por medio de avisos de prensa y en muchos casos llevaban las mascotas a domicilio.
A finales de noviembre de 1994, Cibell leyó un anuncio en un periódico, donde se ofrecían gatos de angora en venta. Llamó para averiguar precios, se interesó y decidió comprar uno de los felinos.
La tarde del 6 de diciembre de 1994, Miguel Tauil estacionó su automóvil a la entrada del Colegio Minerva de Prados del Este, instituto que impartía educación secundaria para adultos; antes de abrir la portezuela miró por el espejo retrovisor, tomó con mucho cuidado una cesta en la que traía un cachorro de gato de angora, verificó el nombre de la persona a quien debía ver en aquella escuela y descendió del vehículo.
Apenas verlo con el gato en las manos, una chica salió a su encuentro y se presentó; dijo llamarse Cibell, la persona que lo contactó telefónicamente. La transacción había sido acordada en 20,000 bolívares, monto que ella cubrió con un cheque.
Miguel Tauil le entregó el animal, se metió el cheque en el bolsillo de la camisa y abordó el carro. Antes de partir, pudo ver el rostro radiante de Cibell mientras jugueteaba con el gatito. A su alrededor, otros estudiantes dialogaban animadamente. Miguel Tauil no podía imaginar que gracias a aquella transacción, sólo le quedaba una semana de vida.
El martes 13 de diciembre de 1994, la mala suerte para las familias Tauil y González llegó a bordo de un taxi. En la mañana de ese día, alguien que dijo llamarse Adriana se comunicó al número de los Tauil y pidió hablar con Miguel.
La mujer mostró interés por una pareja de perros salchichas que el vendedor ofrecía en los avisos clasificados; propuso que se vieran a las 14:00 horas en una panadería cercana al centro comercial Plaza Las Américas de El Cafetal, pero Miguel le sugirió que mejor subiera hasta su casa en Los Naranjos y así podría escoger las mascotas que quisiera.
A la mujer le pareció bien y acordó estar allá en la tarde. Cuando colgó el teléfono, Cibell tenía un ligero rubor en las mejillas. Hizo un gran esfuerzo para fingir la voz y al parecer la treta dio resultado; sin embargo había tenido que hacer una ligera modificación de su plan: ahora, a petición del vendedor de mascotas, tendría que llegar hasta su propia casa para conversar con él, pero no importaba, lo que realmente le interesaba era tener la oportunidad de hablarle personalmente y pedirle por última vez que le devolviera los veinte mil bolívares.
Estaba segura de que si lograba el reembolso, podría disminuir la furia de su padre. Ese día no podía fallar, así que para asegurar el éxito llevaría consigo una pistola calibre 7.65 que el doctor Shauki guardaba en el armario.
Si Miguel se negaba, lo amedrentaría con el arma. A la hora acordada, el taxi la dejó en la entrada de la urbanización Los Naranjos.
La propia Cibell Naime relataría lo que ocurrió: “Esa tarde llegué en un taxi a Los Naranjos, me bajé frente a la garita de seguridad donde habían cuatro vigilantes e hice el trayecto a pie hasta la Quinta Taumus. Allá fui recibida por la mamá de Miguel, quien me dio a tomar café. A los muchachos les inventé que una tía mía esperaba en la garita de vigilancia; así que salimos a buscarla en la camioneta Toyota Samurai de Miguel, yo me senté en el asiento posterior y antes de llegar a la entrada de la urbanización volví a pedir que me devolvieran el dinero. Como Miguel se negó, saqué la pistola que traje de casa para asustarlo y obligarlo a que me diera la plata. Entonces se produjo un forcejeo dentro de la camioneta, fue cuando le disparé a la cabeza. Cuando vi lo que había hecho me volteé hacia Juan Carlos que me miraba aterrado y le dije: ‘Perdóname, discúlpame, yo no soy mala, pero no te puedo dejar vivo porque tú viste todo’. Entonces lo maté. Asustada, me bajé de la Samurai y caminé hacia la salida. Aproveché que un taxi venía pasando, lo abordé y así salí de la zona”.
Al día siguiente, el caso era reseñado por la prensa como “El doble crimen de Los Naranjos” y era uno de los tantos hechos sangrientos dentro de la ola de asesinatos que estremecía a la ciudad en esa época.
