Pasar al contenido principal

Al "Perico" que le cortaron las alas; a 18 años de impunidad en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Tomás Martínez

Su sonrisa lo dice todo, Daniel, conocido como el Perico, era un niño alegre, inquieto e inteligente que manos criminales le cortaron el vuelo...


A 18 años, 4 meses y 21 días de su secuestro y homicidio de Daniel, de nueve años, su padre Bertoldo Jarquín Mendoza precisa: “para mí ahí se quedó, como ese niño alegre, inquieto e inteligente que me ponía retos”.




Daniel siempre sonreía.

Daniel Jarquín, fue secuestrado el 10 de diciembre de 1998 por un grupo de estudiantes del Colegio de Bachilleres del plantel 01 de la agencia municipal de Pueblo Nuevo, y la pareja formada por Polux Bernal y Marisol Plácido Meza.


“Hoy no puedo defraudarlo, porque quiero llegar con las manos limpias para reunirme con él, tengo la responsabilidad de ser un hombre bueno, porque eran sus enseñanzas y en su memoria he perdonado todo, lo he dejado en las manos de Dios, porque la justicia terrenal no existe”, agregó Jarquín Mendoza.


Bertoldo, de 59 años de edad, recuerda con tristeza la tragedia que marcó su vida, pero que al entregarse a Dios ha lograron superar. “Hace cuatro años me volví Cristiano, y gracias a Dios estoy consciente que algún día me voy a reunir con mi flaco, con el niño que siempre jugaba, que al despedirme de él o al llegar me decía, papí te quiero mucho”.


Jarquín Mendoza asegura que fue un duro golpe en su vida, el golpe más fuerte de perder a su hijo, hoy ve a los amigos de su hijo que ya son unos profesionistas, con sus parejas, disfrutando de su juventud.


Por sus mejillas empieza a rodas las lágrimas, se queda pensando y exclama: “a veces siento que las autoridades no existen, yo veo que hacen marchas, paros, se van con partidos políticos, con organizaciones, pero yo nunca tuve la intención de hacerlo, ya lo dejé en manos de Dios, no voy a politizar mi caso”.


El secuestro de Daniel ocurrió a diez días de iniciar el sexenio de José Nelson Murat Casab y hubo apoyo por parte de las autoridades al investigar el caso, pero después pasó en manos de jueces, secretarios, policías y ya no avanzó.




Los trofeos del pequeño beisbolista, se encuentran en la tumba

SIETE AÑOS DE VISITAS DIARIAS AL PANTEÓN


Durante siete años, Bertoldo arribaba a las 19 horas frente a la tumba de Daniel en el panteón Jardín y se sentaba para llorar y platicar con él. Era la media noche y seguía, una de la mañana y ahí seguía. No hubo viajes, no hubo fiestas en memoria de Daniel.


Hoy su único deseo es volver a estar con él, volver a sentirlo y para lograrlo, “tiene que ser un gran ser humano”, asegura.


UNA JUSTICIA QUE NUNCA LLEGÓ


“La justicia nunca llegó, en un momento me aferré, le dediqué mucho tiempo para el asunto de mi hijo, viajes, vueltas, queriendo demostrar que ellos eran culpables. La verdad es que no pude demostrar algo que estaba comprobado, se les encontró el cuerpo del delito, a todos, pero salieron libres y sólo tres están en prisión”, asegura.


Para Bertolo, señala: ”no estoy cegado, intrigado que forzosamente estén en la cárcel, el que la hace la paga y existe el castigo divino. Muchas veces pasó por mi mente querer asesinarlos, pero reaccioné que no me llevaba a nada.


“Mi Perico se fue como un ejemplar, y qué bueno que no cometí una barbarie, mucha gente me decía, yo en tu lugar los hubiera matado, pero hubiera defraudado a mi niño, a quien en una ocasión me vio que iba a pelar con un automovilista por un incidente de tránsito y me dijo que lo estaba defraudando”.


AQUELLA TARDE TRISTE


Eran a las 15.30 horas del jueves 10 de 1998 y Daniel se preparó para ir a su entrenamiento con el equipo de beisbol Pericos. Con su uniforme, le pide permiso a su papá para ir, pero se lo niegan.


— Te digo que no vayas, porque no voy a tener la oportunidad de llevarte, pero te pido de favor que no te salgas de la casa, tu mamita tiene algunas actividades, le dice su padre.


Ante la insistencia, Bertoldo, acepta y se retira. Sólo avanzó unos metros cuando el niño le grita y se acerca al auto, “papá recuerda que te quiero mucho, que Dios te cuide”, fueron sus últimas palabras.


Había transcurrido unos 40 minutos cuando la señora Yolanda le indica a su esposo que Danielito no está en casa. Tampoco en el campo de beisbol.


Al regresar a casa, suena el teléfono y una voz dice: - ¡Tengo secuestrado a tu hijo, en 20 minutos te hablo!.


20 minutos después, la segunda llamada: ¡Queremos 4 millones de pesos o no vuelves a ver a tu hijo!


La tercera llamada fue a las 18:30 horas y exigiendo el dinero, pero colgaron.


Desesperado, empieza a hilar sus ideas y recuerda que unos días antes el niño le comentó que Ivet, hija de su amigo, le dijo que iba hacerle un regalo. Sospecha y fue cuando su hija de tres años le menciona que el Beto, novio de Ivet, le habló por teléfono, el niño salió y desapareció.


La policía, en sus conjeturas decía que una vecina, que la sirvienta, pero Bertoldo fue certero y dijo: el Beto.


“Yo hice toda la investigación, nos vamos a la casa del Beto, sale a la puerta, lo agarro y lueguitito me dijo: '¡Yo tengo a su hijo!, se dónde está'”.


Los policías se llevan al Beto, y dejan a Bertoldo por Ciudad Universitaria.


Desesperado, busca a los policías y están en una casa en Guerrero y Santos Degollado. Eran minutos antes de las 19 horas, Bertoldo ingresa y sobre una colchoneta encuentra a Daniel, atado de las manos y pies, amordazado con cinta canela que le cubría la boca y la nariz.


El hombre se lanza sobre el cuerpo, trata de reanimarlo, pero ya no reacciona. “Mi hijo estaba calientito, siempre lo he dicho, unos minutos antes y lo hubiera salvado. En el proceso negó que haya tocado el cuerpo para evitar que hubo manipulación de las cosas.


LOS ACUSADOS


Tras el operativo realizado esa tarde-noche, la policía arrestó a seis personas, de las cuales cinco quedaron internados en el reclusorio de Santa María Ixcotel, ya que César S.R. tenía 15 años de edad.


En ese tiempo, a los 16 años ya eran considerados presuntos responsables de un delito y por lo cual quedaron detenidos Norberto López Silva, Omar D. R., Marisol Plácido Meza, Víctor Domingo C.S. y Polux Muñoz Bernal.


Ivett del Carmen L. L., novia de Noberto, huyó, pero fue detenida un año después.


LIBERADOS


La reforma al artículo 18 constitucional de diciembre de 2005, cuando era presidente de la República Vicente Fox, vino a homologar el sistema de justicia para adolescentes basado en la doctrina de la protección integral y en el que debía prevalecer el debido proceso.


Esta reforma obligaba en su transitorio a que las entidades federativas y la federación emprendieran la tarea de homologar, en un plazo de seis meses. De esta forma las 32 entidades federativas emitieron leyes en materia de justicia para adolescentes en las que las edades mínima y máxima, en 14 y 18 años respectivamente.


La ley fue retroactiva y a pesar de estar privados de su libertad durante siete años, no habían sido sentenciados y por lo cual salieron libres Ivett del Carmen, Omar y Víctor Domingo, al indicar que eran menores de edad cuando ocurrieron los hechos.


En prisión quedaron y que se encuentran condenados Norberto López Silva, alias el Beto, Polux Muñoz Bernal y Marisol Plácido Meza.


Desde hace cinco años, Bertoldo Jarquín no quiere saber nada de los detenidos, si siguen o no en prisión.


“Ya no sé de ellos, no me interesa, me harté de la justicia del hombre, al último todo era dinero, los policías me pedían dinero. Que no tengo gasolina, que no tengo dinero para dejarle a mi familia, que voy a echar un colado a mi casa; al principio me trataron bien, se desvelaron, pero los otros, ya no querían trabajar”, expresa.


“Tengo las manos limpias, estoy preparado para reunirme con el niño sonriente, juguetón, ese es mi flaco, mi Perico”, menciona.


LA TUMBA


En el panteón Jardín existe una tumba diferente a las demás. En la parte posterior, un campo de beisbol con todos sus jugadores y destaca el número 9 que era Daniel.


En sus vidrios, tienen labrada la imagen de un niño vestido de beisbolista, adentro tiene, bats, guantes, pelotas diplomas, copas, retratos de béisbol y la última fotogradía que Daniel se tomó 20 días antes de su muerte. Con sus manos atrás, escondió un helado que recién había comprado, mientras su padre le tomó la gráfica.


Cuidada y pintadita, guarda todos sus recuerdos, sus regalos. Ahí Bertoldo ha pasado horas y horas llorando la muerte de su hijo.




La cancha de beisbol pintada en la parte posterior

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.