Pasar al contenido principal

Y un día, las letras cambian la vida: entrevista con Rafael Pérez Gay en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Pérez Gay (Ciudad de México, 1957), escritor y editor de Cal y Arena, es una de las figuras literarias más representativas de nuestro país, no sólo por su variada obra, sino por insistir y apostar, toda una vida, por la cultura del libro.


“Yo llego a la literatura por la puerta del periodismo literario. Hay otra puerta, que no sé si es la principal o la trasera, que es el trabajo editorial”.


Fue editor del suplemento cultural “La cultura en México”, dirigido por Carlos Monsiváis en los años 70. Junto con Sergio González Rodríguez, José Joaquín Blanco, Luis Manuel Aguilar, entre otros, formaron un escenario de periodismo cultural activo en México.


Las primeras notas


“Empiezo a escribir mis primeras notas: no son cuentos, no es novela, no es poesía, como el caso de otros escritores, sino son crónicas periodísticas, crónicas de la noche, crónicas de la vida cotidiana que aparecían publicadas precisamente en ese suplemento allá a finales de los años 70.”


Lo cuenta con brío; a pesar de ser un tipo afable, algo en su mirada intimida. Pregunto, ¿cuál fue el origen de la literatura en su vida? Sonríe y responde: “El momento en que descubro que la lectura es precisamente como uno de esos barcos que puedes hacer viajes muy largos, que puedes cambiar de personalidad, y que la lectura puede cambiarte a ti mismo. La lectura y los libros, el libro como una extensión de la memoria, el libro como una forma de abrir una puerta al mundo. Así es como me conecto con la literatura. Balzac, Proust, Stendhal, Flaubert, ellos realmente cambiaron mi vida”.


Extensión de la memoria


Perla Muñoz (PM): Conduces el programa “La otra Aventura”, un espacio dedicado al mundo de los libros. ¿Qué significado tienen los libros para un editor hoy en día?


Rafael Pérez Gay (RPG): Para mí el libro significa una forma de ser, una actitud ante la vida, una extensión de la memoria. El libro es una caja de herramientas que puede servir para muchas cosas, puede servir para que tu memoria se convierta en el centro de tu vida, para lograr una actitud crítica frente al mundo, puede servir para viajar, para abrir mundos fantásticos. Sin libros, decía Elías Canetti, se pudren las alegrías. Yo empecé alrededor de los años 70 a comprar libros, a robarme algunos cuando se podía. Hay una famosa crónica de Salvador Novo que dice “los libros son esas cosas que me obsesionan, compro tantos que no podría leerlos nunca. Y así es como he llegado a hacer una biblioteca”. De modo que el libro se fue convirtiendo en el centro de mi vida, no sólo porque la lectura se había convertido en la parte central, sino porque al ser editor comencé a vivir de las palabras de los otros.


Vencer la pereza


PM: ¿Cuál crees que sea el primer obstáculo que enfrenta un lector, el promotor de la cultura del libro en una sociedad que valora más el entretenimiento?


RPG: El primer obstáculo que hay que librar para que el libro pueda, ya no digamos imponerse, sino para que pueda formar parte de la vida de las personas, es la pereza. Nadie puede venir a tu casa a tocarte y decirte que va a haber un programa muy especial de apoyo o fomento a lectura. Si no estás dispuesto a hacer un pacto con tu soledad, hacer un trato con un momento de silencio, una voz que se va desprendiendo del libro, si no estás dispuesta a eso, no vas a convertirte en un lector. Hay que vencer la pereza porque la lectura es un modo de inconformarse con la realidad, la lectura es una forma de estar siempre atento y crítico a lo que está. Te abre los ojos y puedes ver de otra forma. Tiene que librar también un problema de gusto. La lectura forma el gusto.


Fortaleza interior


PM: He notado que tus referencias literarias son más escritores hombres que mujeres, ¿hay algunas escritoras que te hayan acompañado en tu vida literaria?


RPG: He leído con mucho gusto a Inés Arredondo. Elena Garro me parece extraordinaria… pero no me han acompañado como otros escritores, no como una razón de género. He leído a Clarice Lispector que me parece extraordinaria. Tenemos un buen grupo de escritoras en México, Ana Clavel, por ejemplo, Ángeles Mastretta, Elena Poniatowska. Uno tiene que encontrar en estas escritoras algo que sea afín. Siempre he pensado que la literatura no es un problema de género, sino de sueños, de imaginación, de destrezas y capacidad para conectar con el lector.


La mañana se apaga y la entrevista languidece, pero antes de darse media vuelta y perderse entre acritud de las calles de Oaxaca, pronuncia unas últimas palabras que hicieron eco en el edificio: “La literatura tiene que venir de una legítima fortaleza interior.”

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.