Pasar al contenido principal

Vivir en la frontera

Foto(s): Cortesía
Redacción

Vivir en la frontera implica una división no sólo territorial, también interna. Más que una ruptura, dicha división puede significar la creación de una identidad propia con elementos de uno y otro lado de aquella línea imaginaria. Ese es el caso de la cultura chicana; para los hijos de migrantes mexicanos, cualquier lugar en Estados Unidos es fronterizo; la cercanía física que puede existir con el país de sus padres se disipa ante la inmensidad del sitio en el que les tocó llegar al mundo y crecer hablando espanglish, comiendo burritos, añorando un país que no han visto y no les pertenece, pero viviendo en otro que tampoco terminan de reconocer como suyo.


Describir a Gloria Anzaldúa únicamente como chicana, sería injusto. También fue lesbofeminista, escritora, profesora, teórica queer y activista. La dualidad que la acompañó desde su nacimiento se refleja en su trabajo literario, pues éste no termina de encajar en la categoría del ensayo, pero tampoco en la de la poesía. “To live in the border” es un ejercicio de exploración hacia su propia identidad, en el que relata su sentir como mujer “gringa” de raíces indígenas mexicanas y las implicaciones sociales de serlo: estar metafóricamente atrapada en un fuego cruzado sin saber para qué lado correr, ser llamada india por los estadounidenses y rajetas por los mexicanos; interrogada por la migra en todos los checkpoints.


Para Anzaldúa, la identidad chicana no sólo es la adopción de dos culturas, es un acto de resistencia en sí mismo que involucra reconocer las desigualdades que existen entre estos territorios dispares entre sí, pero también los puntos que comparten. Para ella, ser chicana es no negar lo indígena ni lo mestiza, pero tampoco lo anglo; es asumirse como un híbrido, vivir y vivirse de ambos lados, sabiendo que la frontera no es más que una línea imaginaria.


[email protected]

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.