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Usted disculpe, un dingo se comió a mi bebé

Foto(s): Cortesía
Redacción

En agosto de 1980, Lyndi Chamberlain, una mujer australiana y su marido, acampaban con su hija Azaria, que aún no cumplía el año de edad, a las faldas de Ayers Rock, una piedra de tamaño monumental muy popular en las postales turísticas de Australia. En el área había muchos otros turistas que en medio de la noche escucharon el grito de auxilio de la madre, que pedía ayuda para encontrar a su bebé. La mujer refirió que pudo ver la cola de un dingo (un perro salvaje propio de aquellos lugares) cuando se alejaba de su tienda.


Los presentes improvisaron una búsqueda que se extendió por días, antes de dar por desaparecida a la criatura, pero no encontraron ningún rastro que corroborara la participación de algún animal en el hecho. No se hallaron huellas, ni ropa, excepto unas manchas de lo que parecía ser sangre en el auto de la familia. Al poco tiempo, el caso dio un giro inesperado: la mujer fue acusada de asesinar a su propia hija y desaparecer el cuerpo.


Una madre está siempre obligada a amar a sus hijos. Aquella que no cumple este mandato social, sufre el peor de los repudios y ni qué decir si se sospecha que el desamor puede llegar al grado, no solo de maltratar y desatender al crío, como ocurre cotidianamente, sino al de atentar deliberadamente contra la vida del pequeño. Lyndi Chamberlain enfrentó un juicio por infanticidio en el que fue declarada culpable y condenada a cadena perpetua.


Sin embargo, para el beneplácito de los guionistas hollywoodenses, durante el tiempo que la mujer pasó encerrada, varias personas reportaron haber encontrado en sus autos manchas similares a los rastros de “sangre” hallados en el vehículo de los Chamberlain y que, finalmente se supo, era óxido producido por un defecto en la pintura interior de los mismos.


En 1986, también, de manera fortuita, fue hallada una prenda desgarrada de la nena, precisamente en un área donde abundaban las madrigueras de dingos salvajes. La corte australiana debió revocar entonces la condena que pesaba contra la madre de Azaria y pagarle una compensación millonaria, además del “usted disculpe”.


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