Pasar al contenido principal

Salomé Jashi y su camino del periodismo al documental

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

Domesticando al jardín es una oda a la rivalidad hombre-naturaleza. Este documental que forma parte de la Competencia Internacional del Festival Internacional de Cine de la Universidad Nacional Autónoma de México (FICUNAM) cuenta la historia de un hombre poderoso que se permite tener un hobby inusual: arranca de raíz árboles centenarios que crecían en comunidades en la costa de Georgia y los trasplanta en su jardín privado. La periodista y documentalista Salomé Jashi habla del proceso de filmación de esta película y de sus oficios. 


Salomé Jashi (Tiflis, Georgia) dejó el periodismo para poder contar historias a través de sus documentales. Se define como cineasta y documentalista cuya búsqueda es hacia encontrar elementos subversivos de la vida. Además, es fundadora de dos compañías productoras, Sakdoc Films y Microcosmos. Su filme Taming the garden, título original de Domesticando al jardín es una coproducción de Suiza, Georgia y Alemania.


Este filme fue estreno latinoamericano en la 11 edición del FICUNAM. En un diálogo entre la productora, directora y editora georgiana, con Maximiliano Cruz, programador de este festival, habló de cómo ha utilizado su experiencia en el periodismo para hacer documentales y agradeció que su película haya sido seleccionada para esta competencia en México. 


Relató que su primera profesión fue periodista, trabajó para noticieros vespertinos y matutinos para televisión, pero al cabo de un tiempo se dio cuenta de que el reportero debe tomar una realidad frente a sí mismo y meterla en una pieza de tres minutos, para luego venderla como un reportaje objetivo a miles de espectadores, lo cual no le pareció justo.


“La realidad nunca es objetiva y contarla en algo pequeño y venderlo como la verdad no me convenció.  Opté por el género del documental porque me dio la oportunidad de expresar mi propia visión del mundo”. 


Un filme poderoso y evocativo


Su película está llena de poderosas y evocadoras imágenes, como la del árbol gigante que flota sobre el mar, imagen que narra una historia por sí misma y que además fue el origen de este documental: “En Georgia hace un tiempo todo su país fue testigo de un árbol flotando en el mar. Esa imagen se viralizó. Yo había recibido información de que un oligarca que era líder político, tenía un pasatiempo: tomar árboles de cien años y se  los llevaba a plantar a su casa cerca del mar”. 


La imagen, encantadora por sí misma, tenía otra connotación. La directora confesó que quiso filmar un cortometraje, pero al investigar y darse cuenta de que no sólo se trataba de un árbol, sino de varios, así que comenzó a trabajar durante dos años en esta película que finalmente se convirtió en un largometraje de 91 minutos. 


El proceso mismo de la filmación implicó una serie de negociaciones, primero con quienes se dedicaban a trasplantar los árboles: “fue un proceso largo, tanto el acceso a las obras como a las personas, porque los árboles se volvieron políticos y hablar sobre árboles significaba expresarse, hablar de política y la gente tenía miedo de hablar porque no quería meterse en problemas.  Muchas historias se quedaron detrás de la cerca, porque hubo muchas pero muchas personas se cerraron porque tenían miedo de aparecer frente a la cámara. Tener acceso a filmar en los sitios a los que finalmente llegaban esos árboles también involucró otro proceso”. 


El tratamiento de desenterrar un árbol centenario de su hábitat para llevarlo a otro, sólo porque alguien lo ordena es un acto que podría calificarse como “abuso”; algunas de las personas que se contrataron para este trabajo incluso dijeron sentirse orgullosos, sobre todo los  ingenieros, quienes se enorgullecen de lo que hicieron, porque técnicamente es algo único, comentó la directora. 


El poder de los detalles


El filme transcurre entre imágenes que pueden calificarse como poesía de la vida real, que si bien son imágenes muy bellas, al mismo tiempo cuentan algo terrible.  Cada una de las escenas contiene mucha información, muchos niveles de lectura, sobre lo cual la documentalista aceptó que cuando filma, busca sobre todo: los  detalles.


“Creo que le dan cuerpo  al contenido de la historia. Yo no creo que solo sea la historia que vemos, no es sólo el personaje que seguimos, sino más bien partes pequeñas, detalles que, al acumularse, dan como resultado una historia, no la narrativa de una historia sino crea, genera un contenido. Lo que disfruto es generar ese contenido, no tomar lo que veo y presentarlo tal como es, sino crear otra capa, otra parte de la historia. Para mí es fascinante hacer eso: tomar un hecho y construir otra cosa sobre él”. 


Aunque a la documentalista también le gusta hacer  tomas abiertas, con gran angular, debido a que le da al espectador la sensación de estar presente, confiesa que el juego de estas tomas y los acercamientos provoca un juego de distancias y crea un sub contenido. “También me agrada cuando el ritmo no es acelerado, no digo que sea lento, pero me gusta cuando el filme toma tiempos para desenvolverse, no es exactamente en un montaje. Esto crea más una sensación de realidad, de cierto modo, de estar presente sin que tenga cortes de un lado a otro. Sólo estar parado ahí y observar”. 


Injusticia y violencia representados en el filme


Domesticando al jardín es un documental que invita a pensar en el paisaje ambiental, pero también en la economía de la comunidad, pero hay una tercera visión que la directora incluyó en su filme y esta es la de la violencia física y hasta sexual.


“Para mí filmar esos árboles era como evocar una violación. Por ello usamos ciertos elementos de las obras para ilustrarlo, no muy explícita o directamente, pero cuando los tubos taladran debajo del árbol, queríamos mostrar esa sensación de penetración incesante” compartió la directora sobre la búsqueda de ella y su editor.


Otro aspecto que quisieron mostrar al final de la película es cuando los árboles están sembrados en su nuevo hábitat: “Mostrar los árboles parados como mostrar el júbilo del nuevo propietario. También quise que tuviera una sensación erótica” comentó sobre cómo demostrar el poder. 


Aunque Salomé Jashi mencionó que el tema de la desigualdad no tiene solución fácil, cree que: “deberíamos hallar la fuerza para resistirnos a tomar las decisiones y no dar el poder a gente que en algún momento no lo va a utilizar de una forma ética”.  


El árbol como símbolo 


Al contestar sobre el antes y después del filme y si este trabajó cambió el significado de los árboles para ella, la directora respondió que sí, que ahora cree que no son estables,  como antes lo pensaba.


“El árbol es algo de lo que dependes, está conectado a la vida, pero no sólo es vida, es estabilidad y dependes de él. La primera vez que vio al árbol moviéndose me sentí mareada y a punto de vomitar. Me sacudió mucho, porque es una especie de símbolo de algo que se sacudió delante de nosotros. No sólo se trata de mover árboles sino de mostrar a partir de este hecho, que la política mundial que se vive en todo el mundo, padece de esa falta de estabilidad y posee una incertidumbre”.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.