Acostumbrados como estamos a ceñirnos a conceptos rígidos y excluyentes, la vida y la muerte se han constituido en dos motivos de preocupación con sus causas específicas.
En principio, es la muerte la que produce mayor repulsa y miedo, ya que se adentra en planos desconocidos para nuestra mentalidad, cuando no se la considera como un infinito vacío, una nada sin contenido. De este modo, y por comparación, la vida resulta más aceptable, si bien los problemas que ella conlleva no dejan de conmovernos diariamente y, en algunos casos, llevan al suicidio como solución.
“¿Qué hay entre la vida y la muerte? Un corto puente”. Joaquim Machado de Assis
La vida tiene sus complicaciones y la muerte se rechaza de plano aún sin saber a ciencia cierta si es mejor o peor que la vida.
Sea como sea, vida y muerte se presentan como irreconciliables, aun para muchos de aquellos cuyas creencias religiosas ven en la muerte otro estilo de realidad o de “vida”.
Y es precisamente esta aparente falta de correlación la que más duele, puesto que una de las más grandes aspiraciones de los hombres de todos los tiempos ha sido la de unir vida y muerte, franqueando esa barrera tan oscura y pesada que se ha tendido entre una y otra.
En el caso de los egipcios y de otros muchos pueblos de la antigüedad (hindúes, iranios, sumerios, asirios, babilónicos, griegos, romanos, germanos, celtas y muchas de las culturas americanas precolombinas, por no citar más), no aparecía tan marcada la obsesión por relacionarse los vivos con los muertos, o la de los que se iban a morir por no perder contacto con los que quedaban en la tierra.
Se sabía que la puerta entre un mundo y otro no era infranqueable y que, en todo caso, si no existía un contacto regular era para que cada cual pudiera seguir trabajando en su ámbito sin interferencias innecesarias.
La vida adquiere mayor sentido si le sumamos la muerte como un reposo natural, como un sueño que nos ayuda a digerir mil y una circunstancias antes de volver a despertar. Y la muerte tiene sentido en cuanto concebimos la Vida Una que se expresa del uno y del otro lado de la barrera.
Vida y muerte se apoyan y se complementan.
Si ahora estamos vivos, por similitud y analogía, hemos venido de alguna otra forma de vida y nos dirigimos hacia otro aspecto de la vida. ¿Para qué, si no, hacer sufrir a la humanidad con ese terrible instinto de supervivencia; para qué dar cabida en el sentimiento y en la razón a algo que no existe?
Lo interesante sería convertir ese deseo de supervivencia en una clara conciencia de la inmortalidad, haciendo que cada minuto de nuestras existencias tenga el valor de un paso adelante, de una experiencia útil para siempre, de una unión constante con quienes vamos por los mismos caminos.
Es posible que así cesen de una vez las interminables discusiones sobre la vida y la muerte para en cambio permitirnos estar despiertos y activos tanto en la vida y en la muerte, tanto de un lado como del otro de una puerta que se nos hace cada vez menos tenebrosa y temible. Como es la puerta de nuestra pasa, para entrar y para salir.
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