CIUDAD DE MÉXICO.- Cinco siglos después de la caída de Tenochtitlan la colonización de los pueblos originarios prosigue en México en forma de imposición cultural y despojo de sus territorios, entre otras expresiones de violencia, apuntan autores en lenguas indígenas.
"El colonialismo hoy tiene rostro de Estado, empresas y delincuencia organizada, ya que son estos los nuevos actores que generan la violencia en las comunidades, el desplazamiento forzado de los lugares de vida, el despojo de sus territorios y recursos naturales, que hoy siguen siendo vistos con la mirada de deseo que tuvo Hernán Cortés sobre el oro, aunque hoy ese oro se traduce en agua, en plantas, en maderas o piedras preciosas, en cultivos encarecidos como el aguacate; en animales, en conocimientos, además de los mismos minerales", señala la poeta binnizá Irma Pineda, miembro del Foro Permanente Sobre Cuestiones Indígenas de la ONU.
"El momento que vive la humanidad actualmente se caracteriza por un colonialismo intelectual, es decir, la imposición de formas de pensamiento, valores y relaciones que establecen los países que detentan el poder económico y tecnológico. Además, la concesión de los territorios a empresas transnacionales para la explotación de los recursos naturales en las regiones indígenas", añade, por su parte, el autor nahua Natalio Hernández, quien tradujo a su lengua la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
El territorio, según destaca el autor, constituye la base material y espiritual que ha permitido a los pueblos la preservación y reproducción de su cultura ancestral. También nahua, el escritor Mardonio Carballo advierte que el colonialismo adopta hoy la forma de la discriminación. "Vive a través del racismo. Es lo que nos dejó la Colonia en la conformación de un Estado como éste: la suplantación o la sobreposición de una cultura sobre otras, muchas; la creación de un Estado que no toma en cuenta la conformación plural, diversa, multinacional y multilingüística de un país como este".
Es más fácil hablar, en abstracto, del colonialismo, término más bien académico, que asumirse, en primera persona, como un discriminador, advierte el también director General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas de la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal.
El estado se ha convertido en el principal colonizador, opina por su parte el poeta hñähñu Jaime Chávez Marcos. "Independientemente del tipo de gobierno -izquierda, centro o derecha- la estructura del Estado mexicano se basa en fortalecer una cultura nacional única y en el mestizaje como principal motor para fortalecer la unidad nacional y desaparecer las diferencias, borrando poco a poco la presencia indígena, sus culturas y sus lenguas", dice el ex presidente de Escritores en Lenguas Indígenas.
Hablar de colonialismo, agrega, implica referir también cómo se expresa en los ámbitos cultural y educativo.
"Seguimos utilizando conceptos que el colonialismo acuñó. Haría falta cambiar conceptos como el arte popular o la artesanía para hablar de pueblos indígenas y clases populares; creo que actualmente tanto en los pueblos como en las ciudades hay artistas con un nivel similar, independientemente de que hablen o no una lengua. Son artistas plenos, como los que no hablan una lengua mexicana", enfatiza.
Y lo mismo con otras profesiones, puntualiza el también artista, formado en la Facultad de Artes Visuales de la UNAM y en la ENAH como etnólogo.
Presas el despojo
"El principal desafío para los pueblos es mantener sus espacios, medios y sistemas de vida, lo cual no es fácil frente al acoso de autoridades, de empresarios, e insisto en la delincuencia organizada, que en algunos estados ha pasado a ser el brazo armado de las empresas para obligar a los pueblos indígenas a vender sus tierras o a cederlas para montar megaempresas, como las eólicas, gasoductos, mineras, cerveceras o embotelladoras de agua, por mencionar algunas", advierte Pineda.
Tras lo anterior, extraen "legalmente" recursos naturales, bajo el amparo del Estado y sin consulta a los pueblos.
"De parte del Estado mexicano no va a venir la solución o el cambio", lamenta Chávez Marcos, "sino más bien de la participación misma, de la fuerza del movimiento indígena nacional en los próximos años. Éste ha ido fortaleciéndose poco a poco, sin embargo aún no tiene la fuerza necesaria para aniquilar esta doctrina indigenista".
La participación de los indígenas en la transformación del actual sistema educativo para que responda a la diversidad lingüística y cultural de la nación, la preservación de su identidad, el patrimonio cultural y la memoria histórica, así como desarrollar proyectos de desarrollo sustentable "en armonía con la preservación de la madre tierra", son otros desafíos que detalla Hernández y en los que coinciden sus compañeros.
Exclusión en cifras
De acuerdo con datos del Inegi, la tasa de hablantes de lenguas originarias de 5 años de edad o más se redujo de 16 por ciento en 1930 a 6.6 por ciento en 2015. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares 2018, 7 de cada 10 personas hablantes se encuentran en situación de pobreza, casi duplicando la cifra respectiva para los no hablantes (74.9 por ciento frente a 39.4 por ciento), y en el caso de pobreza extrema el dato es seis veces mayor (35.6 por ciento frente a 5.6 por ciento).
Otra medición, la Encuesta Nacional de Indígenas, realizada por la UNAM, indica que 8 de cada 10 personas contratarían a una persona indígena para el trabajo en el hogar o para el sector de la construcción, pero la proporción se reduce a 2 de cada 3 si se trata de dentistas, abogados o abogadas.
El abogado y escritor mixteco Francisco López Bárcenas, coordinador del libro Indigenismo, violencia y despojo, recoge en esta obra datos del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, que identificó 39 ataques a personas defensoras de los derechos de la tierra, el territorio y el medio ambiente, mismos que se presentaron en 17 de las 32 entidades federativas del 1 de enero al 31 de diciembre de 2019. De los asesinados, 8 se oponían a la construcción de proyectos de energía eléctrica; 7 protegían al medio ambiente en general y 6 denunciaban la tala ilegal de los bosques.
Además de los asesinatos, los defensores de los derechos humanos sufrieron otro tipo de agresiones, como intento de homicidio, amenazas a ellos y a sus familiares, agresiones físicas y campañas de difamación, entre otras.


