Pasar al contenido principal

Palabras mortíferas

Foto(s): Cortesía
Redacción

Transcurrían los años 30; en un pueblo de Oaxaca, las mujeres se casaban por lo general entre los 16 y 18 años. Lucía se casó cuando tenía 20 años, al año siguiente nació su primogénita, Fátima, quien desde que llegó al mundo se veía vivaz, delineaba con frecuencia una sonrisa en su pequeño rostro.


Vivían en una modesta casa, aledaña a la de sus suegros y hermanos, donde su esposo tenía parte de un terreno grande; en aquel lugar era común que cada miembro de la familia hacía su cabaña de madera, teja y carrizo, una vez que se casara. Allí iniciaron su vida como pareja.


Fátima creció en aquel lugar, cerca de sus abuelos paternos, a un lado de su madre a quien acompañaba gran parte del día; sobre todo, cuando realizaba los cortes para hacer ropa, principalmente de mujeres. Recibía telas y encajes que colocaba sobre una mesa, desde donde su niña le preguntaba: ¿Ete e para mi vatillo mamá?, refiriéndose a si era tela para hacerle un vestidito a ella.


En el patio de la casa, era común ver correr y saltar graciosamente a la chiquilla que disfrutaba atrapar las estrellitas blancas de día; así le decían en el pueblo a la semilla de una planta llamada diente de león, una flor blanca muy fina, más ligera que las plumillas de las aves pequeñas, que con solo soplarla vuelan de un lado a otro. Cuando la niña estaba por cumplir los 3 años, Lucía dio a luz a su segundo hijo, en su casa, donde una partera la asistió. En el trabajo de parto se presentaron dificultades que le requerían mayor descanso. Al siguiente día reposaba junto a su bebé; por ratos oía a Fátima tararear una canción como solía hacerlo con su muñeca de trapo, regalo de una de sus tías. No entendía  por qué su mamá no desayunaba con ella como siempre, así que comía solita en el lugar de costumbre. Por momentos se acercaba a la cama donde estaban acostados su adorada mamá y el bebé; observaba, tocaba a su hermanito con delicadeza, al mismo tiempo que su progenitora trataba de mimarla acariciando sus cabellos. 


Pasaron pocos días cuando su abuela Salomé, madre de su papá, una señora de avanzada edad, le dijo en tono de broma: “Ahora tu mamá no te va a querer, porque ya tiene un hijito a quien va a querer más que a tí…”; al instante, la pequeña empezó a llorar.


Continuará el próximo lunes…


[email protected]

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.