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Neurología 211

Foto(s): Cortesía
Redacción

Rocío González me regaló, como a todos mis compañeros del Taller Permanente de Poesía del CASA, un libro en el cual hace una disección de su experiencia al haber sido sometida a una cirugía para remover un tumor cerebral. Hay espíritus en los que el dolor y la enfermedad no derogan el hábito o la necesidad de escribir; es el caso de Rocío González, que en el año 2013 publicó el libro Neurología 2011 (Trilce ediciones).


Este libro es el ejercicio de una poeta que, ante el dolor y la incertidumbre, esgrime la palabra para hacerles frente: palabra que alivia, que consuela, que fantasea sin evadir del todo el objeto de sus desvelos.


Motivada por el miedo y la curiosidad, la autora se obliga a conocer tanto de su enfermedad como sea posible, de tal forma que crea una particular cosmogonía en la que hace dialogar el saber médico-científico con su voz poética.


Rocío González habla de frente con aquello que amenaza su vida. El astrocitoma (palabra que define al tipo de cáncer que padeció) deviene en personaje. La autora lo describe con inquietante ternura: “astrocitoma tan rosadito él, casi inofensivo, si no hubiera sido por el latigazo”; pero en otro momento lo reconviene y resiste: “aunque puedas vivir en mi cerebro, no eres parte de él”.


Neurología 211 es también una reflexión sobre la libertad y su ejercicio, que se pone en entredicho cuando el paciente es rehén del hospital. La autora afirma que incluso en esas condiciones puede entregarse a sus delirios.


El libro es un testimonio poético in extremis, ya que en aquel momento no se sabía a ciencia cierta cómo evolucionaría la enfermedad; también es un canto de esperanza, puesto que todo jardín, no obstante, anuncia primavera.


Llama la atención, como a diferencia de muchos otros casos, no es en la religión donde la autora halla esta esperanza, sino en la escritura y su quehacer; finalmente, “Los milagros del lenguaje son un dios gratuito”, dice quién se dedicó a los libros y a su estudio.


Rocío González hace de la escritura una metáfora de la vida; dice que después de la enfermedad se hará de un cuaderno nuevo “para escribir tal vez lo mismo, pero no igual”, como sentencia en uno de sus versos “me convierto en mi cuento”.


La buena literatura es imprevisible y en el caso de este libro, hallamos un caleidoscopio con múltiples puntos de vista, escritura fragmentaria y erótica, entendiendo el erotismo como necesidad vital de permanecer. La reunificación de este aparente caos nos revela la figura entrañable de la poeta Rocío González y nos permite acompañarla en aquellos momentos cruciales.


La constante en los textos es la lucidez que nos revela una sorprendente entereza ante la posibilidad de perderlo todo. De alguna manera, la publicación del libro celebraba en el 2013 el haber salido de aquel trance, pero la calidad poética de la escritora oaxaqueña trasciende por mucho el mero testimonio.

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