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Muhammad Ali: La leyenda de la mariposa que picaba como abeja

Foto(s): Cortesía
Redacción

El 3 de junio se cumplieron cuatro años del fallecimiento de uno de los más grandes del boxeo, a quien la prensa de su época lo llamó Louisville Lip (El bocón de Louisville), por alardear con ocurrentes poemas antes de los combates y sus provocadoras predicciones del desenlace.


Recordé como conocí a Ali y a muchos otros grandes boxeadores; fue por voz de mi padre y sus narraciones nocturnas sobre combates épicos que dejaron huella en ese deporte, mismas que me hacían disfrutar las actividades del taller y que años más tarde tuviera la afición por practicar el boxeo. Las narraciones no sólo incluían parte de la historia y mitos urbanos de los boxeadores, también las peripecias que pasaba mi padre; como cuando en el año 1970 llegó la televisión a Oaxaca, el aparato de bulbos era exhibido en el aparador que daba a la calle de una tienda de ese entonces conocida y donde muchos desde afuera, -entre ellos mi padre- pudieron ver la pelea del siglo entre Muhammad Ali contra Joe Frazier. Esa noche quedó marcada por la derrota del ídolo.


Por extraño que parezca, cuando mi padre me contaba de cuando escuchaba las transmisiones de las peleas en la radio o sus aventuras en el ciclismo, que era el deporte que practicaba, o la manera en que sus amigos se referían a él por su homónimo con el actor estadounidense Gregory Peck, me lo imaginaba tal como lo veía en ese entonces. Me supongo a muchos nos sucede eso con los padres y sus historias. Cuando Ali fue campeón olímpico de los pesos pesados en Roma 1960, mi padre tenía 16 años, no tenía idea tenía de que se convertiría en un gran hojalatero automotriz, mucho menos de que tendría cuatro hijos, entre ellos yo.


A Muhammad Ali no sólo lo caracterizó su forma poco ortodoxa de boxear para la época y su intrincado movimiento de piernas, también su aguda inteligencia y su rechazo a ser reclutado por las fuerzas armadas de Estados Unidos al declararse objetor de conciencia, lo que le valió una tensa relación con el gobierno de ese país al ser la primera personalidad que se pronunció en contra de la guerra en Vietnam. Este atrevimiento lo transformó en héroe para muchos y le valió ser conocido incluso en lugares donde el boxeo no tenía relevancia.


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