El más reciente coronavirus, el 2019-nCoV que provoca la enfermedad COVID-19, fue detectado por primera vez en Wuhan (China), el 31 de diciembre de 2019. Desde entonces, el brote naciente se transformó en epidemia y devino en pandemia al esparcirse por todo el mundo.
Al cierre de esta nota (6 de mayo de 2020), en 187 países del mundo había 3, 709,800 personas contagiadas y 259,695 decesos. Hasta ahora, no existen vacunas, ni tampoco medicamentos que lo combatan eficazmente. Solo se nos ocurre citar al poeta: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé”. Pero como primera respuesta, porque nadie debe resignarse y entre todxs debemos cambiar el mundo.
La extrema emergencia obliga a los gobiernos del mundo a replantearse la necesidad de instaurar sistemas de salud eficaces, que garanticen la atención a la ciudadanía y no que solo persigan el lucro, así como a contribuir a la mejora del medio ambiente.
A las sociedades, esta nueva coyuntura política les vuelve nítidamente visible que en el sistema neoliberal gobierna el mercado y que los pueblos necesitan que la atribución de gobernar resida en un Estado que debe estar siempre presente para todos; no como en el liberalismo donde el Estado es un simple garante de la propiedad privada y custodio de la seguridad jurídica; es decir, solo vela por los intereses de una clase social y no por el interés superior de la colectividad.
He ahí todo: el liberalismo no contempla el grupo, solo una parte del grupo. Cuida la vida, sí, pero la vida de los individuos que conforman esa parte privilegiada. A las demás personas simplemente las ignora o las considera solo consumidores mientras tengan la capacidad de serlo.
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La mayoría de los gobiernos del mundo enfrentan el COVID-19 de acuerdo a la capacidad de su sistema sanitario y conforme a su manera de ver el mundo: defender el derecho a la vida por sobre cualquier otra consideración, privilegiar la economía empresarial o prever soluciones conjuntas que permitan salvar la crisis.
En este contexto, después de terminada la etapa de la sana distancia social y al finalizar la fase más grave de la pandemia, será necesario reforzar el Estado de bienestar que valorice la seguridad social y, por supuesto, iniciar la recuperación económica. Es decir, ponerse a repensar el futuro.
Esa nueva mirada hacia el futuro solamente será posible hacerla desde la perspectiva de un gobierno popular y democrático; el mundo ya se repiensa hacia esa fórmula porque la hegemonía del mercado sostenida por el capitalismo salvaje entró en crisis cuando el nuevo virus se llevó entre las patas todas esas certezas, entre ellas la voracidad financiera, la ganancia insolente y la usura, definida por el poeta Ezra Pound como “pecado contra la naturaleza, /es tu pan para siempre harapiento, / seco como papel, sin trigo de montaña, sin la fuerte harina.” (Canto XLV).
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Durante la etapa de sana distancia social y aislamiento, volvimos a descubrir el precio de las cosas que no tienen precio: caminar por el Andador Turístico, tomar un café gourmet en el zócalo, ir a la librería de Santo Domingo. La privación vuelve deseable lo que estaba dado sin siquiera pensarlo. El hecho de desplazarse era tan obvio que no se percibía como un privilegio.
También ha sido evidente que al disminuir el tráfico de personas y bienes, han mejorado las condiciones ambientales; si tomamos conciencia de este fenómeno, podremos iniciar acciones positivas para mantener y aumentar este bienestar ecológico.
Estamos en un cruce de caminos: la crisis sanitaria puede engendrar un impulso humanista, una mayor preocupación ecológica por el planeta, una inquietud social por luchar contra las desigualdades y las injusticias. Tenemos dos opciones: mantener la globalización en beneficio de la economía o mejorar el mundo en beneficio de la humanidad.
Esta crisis sanitaria es una travesía por un bosque de incógnitas, más allá nos espera una forma de renacer. Al término de esta etapa inédita, el retorno a la normalidad será un momento de alegría, de reencuentro y abrazo con las otras y otros y de reafirmar que vale la pena estar vivo.
MEMENTO
7 de mayo de 1919: Nace la dirigente social y política argentina, Eva Duarte de Perón, esposa del Presidente de ese país, general Juan Domingo Perón.
8 de mayo de 1753: Nace Miguel Hidalgo y Costilla, en la hacienda de San Diego de Corralejo, Guanajuato.
10 de mayo: Día de las madres.
10 de mayo de 1911: Maderistas toman Ciudad Juárez. Este hecho confirma que la rebelión contra la dictadura de Porfirio Díaz se ha extendido por todo el país.
10 de mayo de 1914: Muere de forma heroica José Azueta, marino mexicano, luchando contra la invasión estadounidense en Veracruz el 21 de abril de 1914.
11 de mayo de 1904: Nace el gran artista plástico español, Salvador Dalí.
13 de mayo de 1942: El barco petrolero mexicano “Potrero de Llano” es hundido por un submarino alemán. Hecho que provocó la participación de México en la Segunda Guerra Mundial.
Hace un año, nuestra amiga editora de Cultura y Espectáculos asiló a esta columna dentro de su espacio generoso. Hoy, al cumplir la semana 52 de esta aventura, nos proponemos continuar el viaje con la esperanza que la musa lejana e insomne, nos siga inspirando nuevos derroteros. ¡Gracias, lectores! ¡Gracias, NOTICIAS!
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