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Latente, el espíritu inquisitorial

Foto(s): Cortesía
Redacción

El historiador Héctor Zagal disfrutó de la ciudad de Oaxaca; en su visita degustó varios moles oaxaqueños, paseó por el Centro Cultural Santo Domingo y por la tarde, en el Foro Panorámico presentó su más reciente novela El inquisidor (Planeta, 2018), en una charla en la que lo acompañó la periodista cultural, Carina Pérez.


El Inquisidor es una novela que permite reflexionar sobre la manera en cómo se fueron construyendo muchas de las creencias que aún rigen las sociedades latinoamericanas, surgidas tras la llegada de los españoles al llamado nuevo continente, y hasta aventurar las razones por las que resulta tan difícil desarraigar formas culturales como el machismo, el clasismo y la doble moral.


En México ha sido fundamental el catolicismo y en ocasiones la sociedad no está acostumbrada a ver la vida de otras maneras a las establecidas y quisiera a veces imponer sus valores y modo de vida; por ello, hay un cierto espíritu inquisitorial.


Este país de la Nueva España padeció una doble moral, porque había una precupación por la fe. Era un país y virreinato sumamenete corrupto y lleno de injusticias. Todo este comportamiento obligaría a un examen de algunos católicos que observan las injusticias sociales y no miran el quinto mandamiento.


Héctor Zagal retrató a la sociedad colonial del virreinato, la vida de todas las familias preocupadas por vivir la vigilia de carne y asisitir a misa los domingos, pero que van y compran a un esclavo y no les pasa por la cabeza que es un ser humano.


En esta novela histórica, Zagal retrata este desprecio y arrogancia de la aristocracia novohispana. El inquisidor pasa, con fe y con corazón duro, porque no siente empatía por el que juzga.

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