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Las raíces de lo nacional: Prólogo

Foto(s): Cortesía
Redacción

Estamos terminando el mes de agosto y con ello entramos de lleno al mes patrio: septiembre. Época del año que nos recuerda a todo México lo chingón que se siente ser mexicano. En estas fechas salen a relucir las banderas tricolores, los mariachis acompañan el paso de todos aquellos quienes acostumbraban acompañar los festejos con música tradicional mexicana, para sentirse todavía más mexicanos. Es un sentimiento de unidad patriótica que nos da identidad y diferencia ante el resto de las naciones del mundo. En septiembre celebramos que somos mexicanos.


Pero, ¿qué significa ser mexicano? Seguramente significa mucho más que  ser macho y bravucón, que escuchar (narco)corridos, andar vestido de charro, montar a caballo, también es más que cualquier Adelita revolucionaria y el folclor que tanto nos caracteriza. Las raíces de lo nacional van mucho más allá de todo aquello que la época de oro del cine nacional nos ha hecho creer, por más bellas y clásicas que resulten todas esas imágenes del recuerdo; nuestras raíces se encuentran en otros lados, en lo enigmático de nuestros contrastes y contradicciones.


La independencia de la Nueva España -en la época prehispánica no existía una unidad patriótica, sino diversas y majestuosas civilizaciones independientes y en conflicto entre sí-  trae consigo el germen de búsqueda de identidad nacional propia. Con la ruptura hacia el país colonizador, viene la fractura al interior en la búsqueda de una organización política nacional; así surge el Primer Imperio Mexicano. La voluntad del General triunfante en la guerra por la Independencia de la Patria, solamente cambió un rey por otro. Al proclamarse Emperador de México, sentó su propia desdicha ante la recién liberada nación. La monarquía era parte de lo que miles de personas habían combatido durante más de una década. La primera traición se ha consumado.


Así, nuestro primer modelo de gobierno como patria independiente nos llevó nuevamente al principio (ya desde entonces todo cambiaba para seguir igual): una monarquía absolutista y totalitaria. La lógica del pensamiento correspondía: “Cambiar al virrey por un emperador, la gente está acostumbrada”. El descontento era generalizado entre las élites cercanas al poder, no habían luchado contra un rey para obtener un emperador. Revueltas y escaramuzas se llevaron a cabo a lo largo y ancho del territorio. El imperio recién nacido tuvo que enfrentarse a sí mismo y a otras naciones para obtener su lugar entre las patrias. Comenzaron las guerras internas e invasiones extranjeras.


Con la caída del Imperio comienza una dura etapa de formación republicana. Durante esta época de levantamientos y escaramuzas surgieron grandes personas que ahora se les considera héroes patrios formadores de México, personajes ya educados en el pensamiento europeo, ya habían leído los clásicos de la literatura “universal”, conocían los libros de Aristóteles y demás pensadores griegos; ellos soñaban con hacer de su tierra natal un modelo de gobierno que buscara el respeto entre las personas y las naciones; en respuesta internacional fue impuesto un Segundo Emperador desde el extranjero. En esta etapa, recién comienza a nacer la República Mexicana.


Ahora, al terminar el mes de agosto y comenzar septiembre el mes de la Patria, también damos inicio a una serie de reflexiones sobre las raíces de lo Nacional en esta columna. La próxima semana abordaremos antes del comienzo. Estas letras que leyeron fueron a manera de prólogo.


"Al terminar el mes de agosto y comenzar septiembre, el mes de la Patria, damos inicio a una serie de reflexiones sobre las raíces de lo Nacional en esta columna. La próxima semana abordaremos antes del comienzo".


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