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La crisis del futuro, el hoy de nuestros hijos

Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo / Tercera parte de cinco


Al concluir la nota anterior pensé que pasaríamos a poner sobre la mesa la situación de los padres de la llamada generación Z, pero permítanme hacer una parada que me parece pertinente. Me refiero al contexto social e histórico que nos envolvió y del que fuimos herederos, a lo cual muchos pensaran que a su vez para nuestros hijos es así, sin embargo, la variante a la que ellos están sometidos juega un papel a favor o en contra según sea el caso, dicha variante es el auge de las comunicaciones y la tecnología que la respalda.


Hijos de la malinche


Los mexicanos somos afortunados al contar con un lenguaje rico en vocablos, pero a su vez exquisito en cultura. Particularmente en mi clínica diaria me sirvo de él para evitar rodeos con florituras teóricas que muchas veces terminan por enredar a quien las escucha. En este sentido para explicar una herencia que nos atraviesa el alma y que no faltará a quien le cale al leerla, se resume en lo que envuelve la frase popular, ser “hijos de la chingada”. El poeta y ensayista mexicano, Octavio Paz recurrió a esta expresión para remitirnos a como los mexicanos intentamos adoptar una identidad ajena por no saber soportar la nuestra.



Otra expresión que acompañó a la frase mencionada en ese contexto social fue la de “ser jodido” que al igual que ella tiene varias acepciones, además de ser acompañada por ciertos sentimientos que en dicha época se dejaban escuchar a quien se vivía como jodido, pudiendo ser estos: una cierta conmiseración, resignación, desesperanza y en algunos casos hasta un dejo de orgullo por serlo, pues hubo un tiempo que predominó el pensamiento que en el mundo de los cielos había un lugar reservado para los jodidos.


Otro ingrediente, alimento del alma


Si a lo anterior le agregamos la desigualdad social y la pobreza extrema que se vivía y sigue viviendo en algunas comunidades lejanas a la ciudad, vivir con el sentir de “ser jodido” o “hijo de la chingada” se volvía un estilo de vida o una forma de ser. Por fortuna, la fortaleza de nuestro pueblo sale en auxilio para contrarrestar los efectos de dicha experiencia, y no faltó quien se resistiera a semejante destino, luego entonces los padres de la generación Z fuimos hijos de quien lucho por trascender esa herencia o de aquellos que se resignaron a ella. Sin embargo, ese fantasma ronda en nuestra alma, en algunas ocasiones llega a dominar los actos de muchos, y al ser un fantasma este puede estar presente sin que el sujeto logre verlo y sentir.


Como he mencionado esto solo sirva de contexto, más adelante explicaré cómo esta herencia la reciben nuestros hijos, pues paradójicamente el auge de las redes sociales a ellos les refuerza el deseo de adquirir una identidad que no les pertenece.


Continuará el lunes…


¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!


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