Alejandro José Ortiz Sampablo / Segunda de cinco partes
Un ejercicio recurrente en mi formación como psicoanalista y que a la fecha viene en mi auxilio para la solución que encuentran mis pacientes de aquello que los lleva a tocar mi puerta, es lo que llamaré, el contexto histórico. En esta ocasión, echaremos mano de dicha estrategia.
El origen, la generación perdida
Comencemos por colocar un referente en el tiempo y el espacio. Hace 21 años iniciamos el siglo, con él se acentuó el cambio generacional. Hoy, el concepto millennials es popular; sin embargo, muy pocos conocen el origen de dicha clasificación; en este caso, me auxiliaré de los nombres que se les han dado a las generaciones. Al parecer, esta necesidad de clasificarlas surge como herramienta del mercado para tener definidos segmentos significativos de consumidores.
Es a la escritora estadounidense considerada pionera de la literatura modernista, Gertrude Stein, a quien se le atribuye la ocasión de nombrar a una generación, para referirse a quienes alcanzaron la mayoría de edad en la Primera Guerra Mundial, a quien llamó Generación Perdida. Para este momento, tenemos la siguiente clasificación, pero como lo mencioné, solo nos servirán de referente, pues no se ajustarán a las condiciones sociales y demográficas de nuestro estado, Oaxaca.
Empezaremos de la mayor en edad, pero menor en cantidad. La generación silenciosa (nacidos en 1928 y 1948), Los Baby boomers (1949-1968), Generación X (1969- 1980), Generación Y o Millennials (1981-1993), Generación Z (1994-2010), definidas por momentos históricos y ciertos rasgos característicos. Con lo anterior tenemos ubicada la generación que hoy nos plantea nuevos paradigmas, los cuales no vimos venir, que esto último ya nos dice mucho de las dos generaciones que la anteceden, pues somos los padres de esta.
Los hijos de la negación, la culpa y del resentimiento
Comencemos por ubicar algunas de sus características, no solo las generales, también aquellas que extraeremos del contexto social, cultural y político. Pero no olviden que este análisis tiene como cometido esclarecer la influencia en y de la vida anímica del hoy de nuestros hijos y la crisis que se avecina, que en algunos casos ya viven una probadita de ese futuro nada alentador.
Podemos pensar a la generación Z como chicas y chicos ahistóricos, criticarlos por su fragilidad ante la frustración y su ineptitud ante cosa prácticas de la vida, pero realizar tales acciones sería como escupir hacia arriba. Pasemos con esto, a hablar de los padres de esta generación y de las diversas actitudes que adoptamos ante ellos, así como de dónde surgen éstas; posiblemente muchos ya estén pensando la respuesta, pues somos una generación que responsabiliza de su destino a los padres.
Continuará el sábado…
¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

