“Quien tiene un libro, es como haber dado a luz a un hijo”. Así afirmaba el periodista de los años 30, director en esa época del diario “El Oaxaqueño” y después “Oaxaca Nuevo”, don Fernando Belmar, qepd, quien para realizar su trabajo diario formaba con mucha delicadeza cada una de las letras, con tal de mantener informada a la sociedad oaxaqueña de todos los acontecimientos sucedidos a lo largo del tiempo de su propio existir.
Y lo curioso del caso de estos diarios, no hay rastro de su existencia en la Hemeroteca Pública de Oaxaca, tal vez porque nadie se ha interesado en realizar una investigación exhuastiva; sin embargo, en uno de los museos de la ciudad de Los Angeles, California, existe un tomo consultable sobre aspectos históricos oaxaqueños.
Pero vayamos al tema que hoy nos ocupa, el libro del escritor ejecuteco Juan Arturo Barrita Ortiz, quien se inicia escribiendo una biografía a su finado hermano Alejandro Barrita Ortiz, quien fuera asesinado durante el gobierno del licenciado Ulises Ruiz Ortiz, en inmediaciones del parque El Tequio.
A partir de esta semblanza, el autor de “Entre Recuerdos, Adobe y Cantera” se desplaza describiendo los personajes, costumbres y tradiciones del pueblo que un día lo viera nacer. Y vayamos con la parte de uno de sus tantos relatos.
“¿De dónde vendrán?"
–Tu papá va a regresar, no te preocupes, va a regresar.
Era la única respuesta que recibía la niña.
-¿Dónde lo busco?
"Había una serie de esquivas mañosas por no saber la verdad. No hay adivinos ni brujos que sepan realmente el sitio donde se encuentra una persona, ni de la que ni siquiera saben su nombre; pero para una niña que fue abandonada por su padre, cualquier respuesta era un estímulo a la necesidad de esa figura tan importante. Esos datos los recibía de mujeres grandotas, calzaban huaraches, eran atractivas, vestían de manera fuera de lo común en 1940, y décadas posteriores, sus visitas eran temporales.
"Sus vestidos eran muy llamativos, amplios, les daba hasta los tobillos; hablaban un castellano con acento raro, aunque se escuchaba elegante; llamaba la atención, se comunicaban a la perfección, su fuerte eran las relaciones humanas; lucían muy hermosas, enigmáticas, en realidad causaban miedo a los niños, desconozco qué sensaciones causaban a los adultos, pero me imagino eran diferentes.
El contenido
De película, Pleybol, Un Ocho de diciembre de los setenta, Recuerdos de posadas y navidades, Bailamos?, Un grito desesperado por la paz, Otra de las caras de Ejutla y Un acto piadoso. Este es uno de sus penúltimos libros del autor, quien cuenta en su haber con nueve tomos en sus vivencias de diferentes puntos de vista.
El que ahora está por presentar en alguna institución es El llanto de la Tortuga, una exposición sobre erotismo con ilustraciones del gran artista plástico Jabo Escudero.
Barrita Ortiz ha dado conferencias en las escuelas tanto públicas como privadas, ha viajado por distintos países del extranjero explicando sus relatos, las leyendas y todos los acontecimientos tradiconales de los pueblos del Estado de Oaxaca, dándole prioridad a donde él nació, a Ejutla de Crespo.
Como vemos en sus improvisaciones, ya que él dice no haber cursado una carrera como escritor, sino que escucha a la gente del pueblo a quien por siempre servirá, desde el lugar donde se encuentre.
