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Incisivo

Foto(s): Cortesía
Redacción

Ha llegado la hora, nos enfilamos al lugar donde se ejecutará la sentencia dictada en mi contra hace algunos días, misma que no puede ser apelada, revocada o anulada. Durante el trayecto, recuerdo mi llegada y estancia en el lugar donde permanecí durante muchos años y del que en pocos minutos me arrancarán.



Mi familia, formada por solo dos generaciones, ha sido muy numerosa. La primera generación, se constituyó por veinte hermosas perlas, de las cuales la llegada del primogénito, fue el acontecimiento más importante para la familia. Motivo de gran júbilo, abrazos, presunción, y fotos, muchas fotos para dejar constancia de tan valioso acontecimiento. A esa generación le tocó vivir la ilusión del ratón que cambiaba dientes por dinero; y el cuidado, limpieza y mantenimiento que se les proporcionó en los primeros años,  les ayudó a evitar un deterioro prematuro por el abuso de dulces y azúcares. Así pudieron vivir 12 o 13 años.


La segunda generación, a la que pertenezco, con 32 integrantes, comenzó a los seis años, cuando nosotros, ansiosos por nacer, empujamos con mucha fuerza a nuestros hermanos para colocarnos en su lugar. Cierto es que no hubo grandes festejos para recibirnos, pero a diferencia de ellos, nosotros estábamos destinados a permanecer en nuestros puestos para siempre, bueno, eso creíamos.


Somos muy importantes en la vida de los seres humanos, los ayudamos a vocalizar, masticar y en ocasiones a defenderse, pero muy pocos nos dan el cuidado y limpieza que necesitamos. Nuestro tiempo de vida depende mucho del esmero, aseo y atención que nos brinden, la mayoría se olvida de ello hasta que por la desidia empiezan a sentir dolor y necesitan recurrir con un especialista para que los alivie. En ocasiones el tratamiento es sencillo, pero otras veces es largo, molesto y doloroso, para ellos y para nosotros, aún así, evitan al máximo las revisiones y prefieren soportar las molestias. Por esta razón he perdido a varios miembros de mi familia, y ahora me toca a mí. Después de revisarme concluyeron que ya no tengo posibilidades de vida y hay que extirparme.


Hemos llegado, todo está dispuesto para la extracción: dos o tres piquetes para anestesiar -deben doler y mucho-, cuando se considera que la anestesia ha surtido efecto, empieza la lucha para que abandone mi puesto y, aunque ustedes no lo crean, soy agredido hasta que me expulsan. Como no tengo la fortuna de que algún ratón me cambie por dinero, solo dicen: ya salió, aquí está, y... a la basura.


Durante todo este proceso la persona que debió cuidarme sufrió mucho, y en los próximos días tendrá dolor que debe controlar con medicamento, además ha perdido una pieza más- debo decirles que ya le quedan pocas-. Si se decide a reponerme, volverá a sufrir en el proceso. Y por eso, que alguien me explique, ¿porqué se lamentan y nos culpan por su sufrimiento cuando solo ustedes son responsables de ello?


Yo, el Incisivo, miembro de la Segunda Generación y octavo al nacer, cumplí mi misión hasta que la desidia, negligencia y descuido adelantaron mi despedida.


 


“En ocasiones el tratamiento es sencillo, pero otras veces es largo, molesto y doloroso, para ellos y para nosotros”.


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