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Gilgamesh o la angustia por la muerte

Foto(s): Cortesía
Redacción
A todos los poetas que lloran la muerte de José Molina.

 


La muerte, destino final de todo ser humano, ha constituido desde tiempos inmemoriales el más grande de los misterios y como todo gran misterio se esconde bajo un velo de terror que provoca el sobrecogimiento necesario para dar paso a la fe en el más allá y con ello a la religión como la vivimos hoy en día.


Gilgamesh o la angustia por la muerte fue escrito hacia 2,500 años antes de Cristo. Este texto ha sido conocido también, sobre todo en secundarias y bachilleratos, como la Epopeya de Gilgamesh y es referido en todas las carreras de literatura como la obra cumbre de la literatura babilónica. Jorge Silva Castillo tradujo el poema babilonio directamente del acadio y lo publicó en el Colegio de México (1994).


La fábula que narra el poema épico es más o menos la siguiente: Gilgamesh es un tirano que reina en la ciudad de Uruk, el punto más civilizado de la antigüedad. Como buen tirano, Gilgamesh se caracteriza por la arbitrariedad en la impartición de justicia, el abuso de poder hacia sus súbditos y por los excesos en los placeres de la carne.


Gilgamesh es el perfecto tirano, dueño de los destinos y las vidas de todos los habitantes de Uruk, hasta que aparece en escena Enkidú, un curioso personaje que vive al margen de la civilización. El poder de Enkidú, basado en la fuerza bruta y su ser salvaje, pone en entredicho la supremacía del poderoso Gilgamesh.


Ambos personajes representan una némesis perfecta; Gilgamesh encarna la civilización, sofisticada pero también corrupta y degradada; Enkidú representa la humanidad más cercana a las fuerzas de la naturaleza; no reconoce ley ni gobierno y vive de carne y vegetales crudos.


Gilgamesh siente una gran curiosidad por conocer a este ser que vive en la más absoluta independencia; cuando llega el momento, ambos chocan y miden fuerzas en el campo de combate, lo cual lejos de enemistarlos les permite conocerse y expresarse mutua admiración.


Después de varios intentos de domesticación que incluyen comer pan, beber cerveza y yacer con una prostituta sagrada, Gilgamesh logra hacerlo su amigo y juntos viven aventuras en las que realizan hazañas diversas y dan constancia de su fuerza sobrehumana, hasta el día en que Gilgamesh ve con horror cómo Enkidú cae gravemente enfermo y, ante sus ojos, es consumido hasta la muerte.


En ese momento, el héroe babilónico cae en cuenta de que él mismo es un ser mortal y de que en algún momento compartirá el destino de su amigo. A partir de este punto, Gilgamesh emprenderá, literalmente hablando, un viaje en busca de la eternidad.


La lectura de este poema nos indica que la angustia por la muerte ha acompañado al hombre desde el principio de su historia y es uno de los motores más importantes para la creación humana. Sobrevivir a todo y pese a todo, es también uno de los anhelos más caros del ser humano y alienta a la creación de sofisticados procedimientos médicos y quirúrgicos encaminados a tal fin.


En este punto se nos revela la vigencia del antiguo poema, ya que nos da cuenta de los sentimientos que al día de hoy acompañan a la humanidad.

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