La idea de que el ser humano es bueno por naturaleza, en pleno siglo 21 es insostenible; por otro lado, no podríamos aseverar que es malo por tal motivo. Sin embargo, algunos individuos desarrollan cierto gusto por la agresión y destrucción, solo que unos lo muestran de manera ostentosa, otros más sofisticados, esperan la ocasión para descargar dicha fuerza.
Una fuerza incoercible
En la vida cotidiana, el ejercicio de la violencia es común ejecutarlo u observarlo, pero los seres humanos contamos con una fuerza psíquica que permite modificar la “realidad” o tomar de ella lo necesario para llevar a cabo las acciones para que, por decirlo de alguna manera, cada quien se salga con la suya, en este caso ejecutar la agresión y destrucción.
Estoy por entrar a un terreno espinoso, considero pertinente mencionar que lo siguiente encuentra justificación en el tratamiento psicoanalítico con pacientes, mujeres y hombres. Se sorprenderían si tuvieran oportunidad de escuchar lo que el psicoanalista extrae de las confesiones del paciente, una vez que este último se entrega al método de indagación de su alma.
Destrucción y placer
Movilizar la fuerza de donde nace la tendencia de agresión y destrucción no es cosa compleja; si a ello agregamos la experiencia de satisfacción que se alcanza en dichas acciones, no resulta difícil deducir que en el individuo se desarrolle la inclinación a repetir la experiencia. Es innecesario explicar que en destruir y agredir al otro o las cosas, depara grandes montos de placer, puesto esto es palpable, si habrá que develar cómo los seres humanos colocamos velos para ocultarnos esto, pues en ello se juega la justificación para repetirlo.
La tendencia a la que dediqué esta nota, al parecer se finca con el descubrimiento en la más tierna infancia de la experiencia de dolor, pues el bebé descubrirá que él también puede provocarlo, prontamente le encontrará a esta acción una función; es en estos momentos de la vida del individuo donde se fija la disposición sádica o masoquista, pues al parecer es la intensidad quien juega una parte preponderante en la experiencia de satisfacción. Si a ello agregamos que morder, golpear al otro, como recurso ante la frustración se corresponden a tan temprana edad, no resultará difícil entender que en la edad adulta la agresión y destrucción sea la acción adecuada para expresar inconformidad; más si se ha sido violentado o violentada y se alberga el afecto que le corresponde según la persona.
Continuará el miércoles…
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