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Estas letras que lees: Entre muertos y pandemia

Foto(s): Cortesía
Redacción

Una de las tradiciones más arraigadas dentro del imaginario del oaxaqueño (y del mexicano) es la celebración del Día de Muertos. Festividad que ha llegado hasta nuestros días, a través de los tiempos con las transformaciones propias de los cambios de época y costumbres, pero para nadie es un secreto el fuerte vínculo que estas fechas tienen en el calendario interior de mexicanos y mexicanas en cualquier parte del mundo. Esta celebración llega a ser motivo de identidad, además de un orgullo que nos identifica, representa y diferencia del resto de las naciones, con todo lo que esto significa.


En Oaxaca, a pesar de la cancelación de las actividades oficiales relacionadas al Día de Muertos, se vivieron días de movimiento comercial, lo cual fue un suspiro para la economía local, fuertemente golpeada este año. A comienzos de mes, las calles del centro histórico recobraron un poco del afluente de gente que normalmente las visita en estas fechas. En redes sociales se vieron videos de fiestas, reuniones y celebraciones que se llevaron a cabo en la ciudad; ya veremos en unos días más el efecto que pueda tener dichas aglomeraciones de personas y su impacto en el, ya de por sí, lastimado Sistema de Salud de Oaxaca, pues las defunciones, en todo el estado, siguen en aumento.


Este año en particular, la huesuda anda desatada y está arrasando con la humanidad. Para estas alturas del año me resultaría poco probable pensar que alguien todavía tenga dudas respecto a la existencia del virus, o de que la tierra sea redonda, pero así como existen los “terraplanistas” también existen quienes piensan que la COVID es un invento, todas las cifras de defunciones son falsas y que en realidad, lo único cierto de todo esto, es el nivel de control que tienen los gobiernos sobre las personas y cómo nosotros nos comportamos obedientemente ante sus indicaciones". La enfermedad ha sacado a relucir paranoides y teorías conspirativas.


En lo que a mí concierne, dos amistades han perdido miembros muy cercanos de su familia como consecuencia de esta mortal enfermedad que nos amenaza a todos. Son personas cercanas, a quienes conozco de varios años, su dolor y frustración era evidente en esos momentos, así continúa. Cuando escuché sus casos, mi incredulidad dio paso al asombro. Recuerdo las noches que recibí sendas noticias, me mantuve despierto, pensando en mis amistades y sus muertos: a uno le negaron ser enterrado en el panteón de su comunidad, por el miedo al contagio; ambos ingresaron al hospital con síntomas moderados y pocos días después fueron entregados en ataúdes cerrados, ninguna  de mis amistades comprendía lo que había ocurrido en el interior del hospital, pero ahora una persona había perdido un primo y otra a su madre. Este asunto es serio, fue mi conclusión al respecto.


Esos fueron y han sido hasta el momento, los únicos casos fatales que me ha tocado escuchar de manera directa; varios amigos y amigas se han contagiado, sin los resultados funestos, afortunadamente. Ya veremos el reflejo de esos días de fiestas, reuniones y celebraciones en los datos fríos que se muestran todos los días en los reportes institucionales, pues si algo es seguro, es que ya no hay nada seguro en esta vida.

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