El derecho a la felicidad debería estar incluido en la Convención sobre los Derechos del Niño, publicado por la Unicef, afirmó Benito Taibo. Lydia Cacho confirmó que una de las herramientas más importantes en cuestión de los derechos de niñas y niños es abordar su vida emocional y sentimental. Yásnaya Elena Aguilar consideró que el acceso a la educación debería estar garantizado y protegido en las comunidades indígenas. Son algunas de las deudas que aún tiene la sociedad adulta respecto a la niñez, coincidieron en la mesa: Hablemos sobre los derechos de la niñez, del ciclo: Todos los futuros posibles, creado por la 40 FILO, en su edición virtual.
La lingüista, activista y escritora originaria de Ayutla, Mixe, Yásnaya Elena Aguilar, destacó que existe una diferencia estructural muy fuerte desde hace siglos respecto a la niñez de comunidades indígenas y rurales: “Las previsiones respecto a la población infantil son atroces. Menos del 2 % de la población indígena accede a educación superior, las posibilidades de las personas indígenas que han ido a la universidad son muy pocas. La brecha se hará más grande. Pero esto existe antes del virus, claro, ahora se hace más grande, pero con o sin pandemia esto está pasando”.
La activista mixe recordó que la educación en su comunidad y en muchas otras ha sido violenta, porque no necesariamente ha sido un espacio donde se aprenda sobre la comunidad o la historia, ya que ha sido castellanizante y muchas veces en contra de cómo viven niñas y niños en contextos comunitarios. Aunque admite que cuando la comunidad se involucra, hace que los efectos de la pandemia se sientan un poco menos.
“La educación sigue siendo un caballo de troya, necesitamos acceder a ella para tener una mejor calidad de vida. Claro que hay respuestas creativas de lo que está pasando en nuestra comunidad, para educación básica. Es importante tener acceso a esas posibilidades, pero el sistema educativo nos la cierra. Aún así tengo la esperanza de que en entornos de estructuras locales y comunitarias, las niñas y los niños estén absorbiendo, recreando y renovando los mecanismos que a nosotros nos hicieron posible la vida”.
Trepar un árbol, ver crecer la milpa y escuchar las historias de las abuelas o abuelos son un remanso para niñas y niños, mientras tengan opción de poder hacerlo, lo recomienda, ya que sabe que el confinamiento no es el mismo para las poblaciones rurales que para las urbanizadas.
Recomienda Taibo una educación sentimental y comunitaria
El escritor Benito Taibo defiende el derecho a la felicidad como una garantía que debería estar cubierta para las niñas y niños, para lo cual hay que ofrecer educación sentimental. “Hemos puesto reglas claras de cómo el estado debe comportarse, incluso padres y madres, pero la educación de los niños es responsabilidad de la comunidad; la mejor manera de educar es cuando todos los que están alrededor se involucran”.
En tiempos oscuros y violentos, en los que hay cada vez más niñas y niños maltratados, esclavizados, abusados, secuestrados y obligados a ser soldados, aseguró que el estado tiene que subsanar primero estas capas para poder, luego, sugerir entrar al libro o la lectura. La niñez debería tener garantizada una vida imaginativa y plena, libre de violencias, porque todo lo demás es un accesorio, si no se puede resolver lo anterior.
Puntualizó que no somos islas, tenemos que aplicar las lógicas de comunidad, tejer redes alrededor de estos pequeños espacios que se convierten en grandes y que es así como empiezan las revoluciones del mundo. “Hay que leer lo que tenga que ver con la identidad colectiva. La literatura sirve para quitar las veladuras de los ojos, despojarte del racismo, de todo lo que fuimos aprendiendo, para de-construirnos”. Recomendó a la sociedad adulta empezar de nuevo en todos los sentidos y reaprender todo lo que aprendimos mal la primera vez y encontrar entre lo ordinario, lo extraordinario. Sugirió que los adultos deben comenzar a leer como niños, no como adultos; despojarse del adulto interior.
La rebeldía no va a ser tomada por la pandemia
Darles a niñas y niños una libreta, pluma o lápiz para que escriban su experiencia es vital en estos momentos, para que en un futuro puedan saber cómo vivieron la pandemia y cómo la sobrevivieron. Narrar esas historias, decir: "Esto es lo que fui y esto es lo que soy ahora” son claves para ellos. Sugirió a las madres y padres a ayudar a la niñez a contar su propia historia.
“Retomar los libros de literatura infantil para que vuelvan a leer y que pasen menos horas frente a una pantalla, es necesario. Las crisis nos permiten explorar nuevas formas de enfrentarnos en este momento determinado y luego ver qué hacemos con lo que aprendimos durante la crisis. Este es el momento adecuado para hacerlo. Es cuando más cosas tenemos que hacer para acompañarnos, compartir, aprender y experimentar; y compartirlo por supuesto con las niñas y los niños me parece importante”.
Contó que durante la pandemia, tan sólo en un mes ha recibido más peticiones de ayuda de niñas y niños mexicanos, que en todo un año. Hay que salir de esta pandemia con la certeza de que estamos escuchando a las niños y niños, que tienen un nivel de consciencia brutal que los adultos hemos perdido. Nosotros nos hemos vuelto cínicos. Insistió en reconocer las emociones respecto a lo que estamos viviendo y encontrar para las niñas y niños un espacio de libertad desde la fantasía, para que puedan encontrar su propia libertad.
