Pasar al contenido principal

Eres lo que creas: Vientos favorables

Foto(s): Cortesía
Redacción

Desde siempre ha sido importante tener una visión de nuestro futuro, un plan, un sentido de vida que es, al mismo tiempo, una motivación, un aliciente para conseguir nuestros propósitos, los objetivos soñados. También es un hacia dónde ir, de hecho, quien sabe a dónde va, lleva prisa, quien no va por la vida un tanto perdido, a ver si con la suerte “da pie con bola”.


Muchas personas, independientemente de su formación, no tienen un plan de vida, un proyecto, una imagen visualizada de un futuro que quisiera construir; ¿habrá quién no tenga un sueño?. ¿Una ilusión?. Seguramente las habrá. Son quienes los va llevando la circunstancia, la necesidad. Es posible que la fortuna juegue su parte y las coloque donde hay la oportunidad de su realización o donde puedan resolver su circunstancia, sus necesidades, pero hasta ahí.



Mas allá de la posibilidad que la circunstancia nos lleve a la deriva, deberíamos tener un plan, un proyecto, un objetivo, un propósito, una intención preconcebida de poder construir un mejor mañana, un futuro halagüeño. El conocimiento, la
conciencia, el ejemplo de los que nos han antecedido y construido puede ser un buen referente para ponernos en marcha.


Es muy importante esa visualización, porque a la vez nos conecta con una emoción, hacer ejercicios de voluntad, de autocontrol, de recurrir a la intuición sabia, a la inteligencia, para perseguir y concretar nuestros más caros anhelos.
Decía una filosofa actual “Soñar, sin dejar de hacer lo que nos toca hacer”. Recuerdo ahora el viejo proverbio de los abuelos “a Dios rogando y con el mazo dando".


Por tanto, es de enorme importancia reflexionar, y desde el lugar de la existencia en que hoy estemos, proyectar hacia donde queremos llegar; sobre todo cuando se es joven es un buen momento para planificar los peldaños que queremos escalar; para ello necesitamos, orden, disciplina, pequeños sacrificios, pasión, amor hacia lo que nos vamos a dedicar, de lo contrario corremos el riesgo de encontrarnos donde no queríamos, estar viviendo el sueño de otros, estar ejerciendo una tarea a la fuerza, motivado “por el que dirán”, o el “ya ni modo” y vivir una tarea, una existencia que alguien más creyó que era lo nuestro; puede pasar que no escuchamos a nuestro corazón y no respondimos a nuestra auténtica vocación.


Ante una decisión de tal magnitud debemos fortalecer nuestras virtudes, nuestros principios, ser coherentes y congruentes, comprometernos con nuestra palabra, es una renuncia a viejos hábitos, atavismos, viejas y anquilosada costumbre de repetir patrones de inconsciencia, de falta lucidez, de motivación por y para la vida; en suma, debemos esforzarnos por estudiar, profundizar en las cosas, en el conocimiento, evitar que en nuestras decisiones por flojedad campee la ignorancia,
la inercia.
Sabemos que en el camino encontraremos obstáculos, escollos, carreteras rugosas, pero son las vallas a superar para alcanzar un sitio de trascendencia, de un mejor porvenir. Veremos que conforme escalamos la cuesta hay una sensación de logro, de triunfo, de éxito: “Es entonces que veremos cómo el viento sopla a nuestro favor”.


 


“No hay viento favorable para el que no sabe dónde va”, Séneca.


Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.