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ERES LO QUE CREAS: Cocinando historias

Foto(s): Cortesía
Redacción

Esas conversaciones nutridas de recuerdos de tiempos pasados, la risa chispeante por las bromas ligadas a la acción de alguien que sin querer se equivocó o dijo algo inapropiado, la idea espontánea de crear algo juntos, en donde se reúne la experiencia de cada uno para lograr un solo fin, en esta ocasión un rico panqué que, mientras lo elaboran juntos sale a colación el comentario sobre las cantidades adecuadas para la receta, y en ese unir harinas y otros polvos mágicos, que harán surgir el anhelado pan, se percibe la cercanía de ellos: una hermana amada, los muy queridos sobrinos, que atentos siguen las indicaciones de la tía que en ese momento se siente la más grande cocinera, porque ella es la experta en la elaboración del rico manjar.



Este alimento simbólicamente, representa el nutrimento del alma en regocijo, por la maravillosa oportunidad de estar unidos, aunque solo sean unos instantes, pero esos breves momentos de cercanía física, será lo que en el tiempo unirá sus almas para siempre y así es como, con momentos valiosos, construimos nuestra historia.


Surge el agradecimiento por estar vivos, por tener la oportunidad de cocinar experiencias de unidad al calor del horno que generoso recibe el pan de vida que desprende olores y otorga sabores que hacen tocar la armonía, la belleza, el amor fraterno.


Y una vez cocido, ávidos volcarse en el ansiado alimento para saborearlo en la boca, pero ese disfrute se traslada al éxito de haber logrado algo juntos, del aprendizaje obtenido, de las miradas de ternura que por instantes parecen raptos teofánicos, poniendo en puntitas al alma para que se asome a la belleza de ser parte de una maravillosa familia.


Qué más se puede pedir, cuando en nuestros días está la cálida presencia física y algunas veces en la ausencia, de las personas que amamos.
En estos tiempos está constantemente el miedo a contraer una enfermedad y morir solos, pero esta idea pudiera perder sentido cuando a cada paso que damos, vamos acompañados de hermanos, padres, abuelos, sobrinos, etcétera. Y no decimos: Sí, es cierto, moriremos de algo que aún no lo sabemos, pero de lo que si tenemos certeza es de haber entregado y recibido amor en toda nuestra vida. Agradecer, valorar, amar, es la tarea de todos los días.


Qué más se puede pedir, cuando en nuestros días está la cálida presencia física y algunas veces en la ausencia, de las personas que amamos.


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