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El legado de Zapata vive

Foto(s): Cortesía
Redacción

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“Víctima de la más negra de todas las traiciones, cayó ayer, gloriosamente, atravesado por las cobardes balas enemigas, nuestro inolvidable y heroico General en Jefe, don Emiliano Zapata. Que las maldiciones de todos los buenos mexicanos, de los que hayan sabido comprender la grandiosa obra del más grande y desinteresado revolucionario mexicano, caigan sobre los nombres maldecidos y malditos de los cobardes asesinos”.


Así comunicó el general Gildardo Magaña a la opinión pública, la muerte del líder suriano. A pesar de la autoridad política y moral que ejercía el Jefe del Cuartel General del Ejército Libertador del Sur en la tropa zapatista y en la población morelense, muchas y muchos descreyeron de sus dichos y prefirieron otro final para el Jefe.


De acuerdo a su cultura ancestral, los campesinos zapatistas convirtieron al Jefe en un héroe trágico y victorioso: no murió él sino su doble, su “nahual”; el mero ‘Miliano se chispó  a un lugar lejano y regresa de vez en cuando, cuando él quiere.


La negación colectiva de la muerte del caudillo, comenzó desde la exposición misma de su cadáver en Cuautla. Allí, los más cercanos, familiares y soldados, principiaron a plantear dudas: que el jefe Zapata no era tan gordo; que al general le faltaba un dedo que perdió en una charreada; que el mero Zapata tenía un lunar en forma de manita, mientras que el cadáver expuesto no tenía nada, etcétera.


A las dudas insistentes, rodearon respuestas que tranquilizaron a los zapatistas y daban vuelo al mito naciente: Zapata era muy listo para creer en Guajardo y no fue él quien entró a la hacienda de Chinameca, sino que un compadre que se le parecía; el jefe se fue con un compadre árabe, que se lo llevó “pa’ Larabia, donde lo tratan como rey” y donde dirige una hacienda. Ubican al general en una geografía amigable con el mito y generosa con su supervivencia; caprichosa, pero adecuada a sus deseos y más íntimos sueños: Emiliano Zapata es invencible. Esa Arabia creada y trazada por los campesinos, tiene límites y distancias favorables al desplazamiento del jefe; se hallaba lejos pero cerca: lejos, porque allá no lo podían encontrar los “carranclanes” y tan cerca que el General podía bajar a Morelos cuando le diera la gana.


Eso decían, con fe inquebrantable, los últimos zapatistas que murieron sostenidos por el recuerdo y ejemplo de la gesta campesina de Morelos.


- II -


En su libro, Emiliano Zapata entre la historia y el mito, Salvador Rueda Smither recoge varios testimonios de veteranos zapatistas. Por ejemplo, Don Serafín Plascencia, de Villa de Ayala, narró: “Ya quedaron Guajardo y Zapata como compañeros, pero ya la traición era para él, para Zapata (...) Había un compadre que sabía que lo iban a fusilar a Zapata y entonces ese compadre fue y le dijo allá en la Piedra Encimada: Compadre, vengo a morir por ti; nomás te encargo a mi mujer. Me haces favor de darme tu traje, tu sombrero, tus espuelas y el caballo. Y ahí estuvo lo bueno. Entonces estaba un árabe, compadre del general Zapata y le dijo: Pus no más nos pelamos. Y pelaron gallo. Se fueron para Arabia. Bueno, total que se escapó el general Zapata”.


Por su parte, Don Agapito Pariente, de Tepalcingo, amparado en la autoridad bíblica dijo: “Pues se salió de allá, que se chispa y se va. Se fue a la vida privada como el profeta Moisés, ¿Usted no ha leído las Escrituras? Porque Moisés sacó a sus hijos de Egipto, los dejó unos días y se alejó para la Tierra Santa. Y pues yo digo que así ha de haber sido”.


Don Feliciano Trejo, de Anenecuilco, con fe de poeta, platicó: “Nomás se desapareció de allá de Sarabia y se fue para el rumbo del mar, allá a una isla que se llama Chicoapan (...) Y yo estoy convencido de que Zapata no era muerto, porque tengo unos versos que hablan de eso”.


Palabras de meros zapatistas guardan la vida del jefe y aseguran su inmortalidad.


Zapata y la Revolución Mexicana


En el prefacio de esta obra, ya clásica en el estudio del movimiento zapatista, su autor, John Womack Jr. asienta: “Éste es un libro acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución. Nunca imaginaron un destino tan singular. Lloviera o tronase, llegaran agitadores de fuera o noticias de tierras prometidas fuera de su lugar, lo único que querían era permanecer en sus pueblos y aldeas, puesto que en ellos habían crecido y en ellos, sus antepasados, por centenas de años, vivieron y murieron: en ese diminuto Estado de Morelos del centro-sur de México.


“Hacia principios de este siglo, otras personas, poderosos empresarios, habitantes de las ciudades, creyeron necesario echar a los campesinos con el fin de progresar ellas mismas. Y entre los hombres de empresa y los campesinos fue cobrando forma un vívido conflicto. No solo en Morelos, sino también en distritos semejantes de otros estados apareció ese conflicto, tal vez menos dramáticamente, pero no con menor aspereza.


“(…) En 1910, después de treinta y cuatro años de gobierno regular, los políticos encumbrados del régimen permitieron que estallase una revuelta por cause de la sucesión presidencial. Los campesinos de Morelos fueron casi los únicos del país que se sumaron deliberadamente a ella. En unos cuantos meses los directores de la rebelión llegaron al poder. Pero fueron tan poco considerados con las tradiciones locales como lo habían sido los hombres a quienes sustituían, y los avances de la libre empresa prosiguieron. Amenazados y desconcertados, los campesinos de Morelos se rebelaron de nuevo. Vinieron entonces cerca de once años de guerra, durante los cuales los pequeños agricultores y jornaleros se convirtieron en guerrilleros y terroristas, soportaron sitios y sabotearon, además de resistir pasivamente a la pacificación. Tenían varios dirigentes, pero el más destacado era un hombre llamado Emiliano Zapata”.


MEMENTO


10 de abril de 1789: Nace en la ciudad de México la “Dulcísima Madre de la Patria”, doña Leona Vicario.


10 de abril de 1919: Es asesinado en Chinameca, Morelos, el general revolucionario don Emiliano Zapata.


12 de abril de 1954: Fallece en la ciudad de México, el general Francisco J. Múgica.


13 de abril de 1877: Nace Enrique Flores Magón en Teotitlán del Camino, Oaxaca.


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