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El Lector Furtivo: La tradición clásica

Foto(s): Cortesía
Redacción

La tradición clásica de Gilbert Highet es uno de los libros más importantes acerca de la influencia que los mundos griego y romano tienen en nuestra civilización occidental. El libro abre con algunos versos a Helena de Poe, en donde el poeta bostoniano canta rendido a “la gloria que fue Grecia y a la grandeza que fue Roma”, versos que anticipan el sentido del libro. En palabras de Highet, nuestro mundo moderno es una “continuación” del mundo grecorromano; sin este influjo nuestra civilización sería otra, “más raquítica y fragmentaria, menos pensadora y más materialista”.


Entre las muchas herencias de la tradición clásica, una de las más sólidas es el orden civil basada en un marco jurídico que, con sus asegunes, es aplicado por todos los países occidentalizados, incluyendo los más pobres de Latinoamérica. Este contrasta con las barbaridades que se cometen en materia de impartición de justicia en muchos países que no comparten esta herencia, incluyendo castigos corporales y derechos humanos acotados desde la propia ley. Sin embargo, este libro no va de eso, sino de lo que al autor compete: la literatura, y para hablar de literatura hay que hablar de la lengua.


Las grandes lenguas del mundo clásico fueron, cada una en su momento, el idioma universal de una buena parte del mundo conocido. Es por esta razón que los evangelios se escribieron en griego y la Biblia fue traducida al latín, pero hay otras razones para que el latín fuera utilizado durante muchos siglos no solo para la liturgia católica, sino también para la creación de ciencia y filosofía. La consolidación de las grandes lenguas nacionales, español, italiano, francés, alemán e inglés (por mencionar algunas) tardó muchos siglos. Escribir en lengua vernácula condenaba al autor a un ostracismo anticipado por limitar  su lectura a una pequeña comunidad, además de que las variantes dialectales de las lenguas europeas no contaban con la sofisticación suficiente para desarrollar con plenitud temas filosóficos  o científicos.


Tras la caída de Roma, Europa entera se vio como un territorio salvaje, donde sus habitantes, recluidos en villas y aldeas, eran amenazados permanentemente lo mismo por la naturaleza que por los salteadores de caminos y los tiranos. A este tiempo se le conoce como Edad Oscura a la que prosiguió una Edad Media, más organizada bajo el influjo de la Iglesia, heredera de la organización romana. En este periodo nacieron las primeras universidades que desarrollaban en latín la filosofía aristotélica pasada por el tamiz de la religión.


De la misma manera en que las ruinas de los palacios romanos serían descubiertas después de estar por siglos sepultadas en los territorios bárbaros, la historia de la literatura occidental es un continuo descubrimiento de los modelos clásicos. El Renacimiento es la expresión más clara de ello, pero aún antes, desde el Beouwulf, hasta las tragedias de Shakespeare, las grandes obras literarias de occidente acusan la influencia de los modelos clásicos en su construcción.

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