Antes que nada, quisiera decirles a todos mis amigos y conocido, que no se preocupen por obsequiarme algo este año nuevo, con la buena intención basta. No aspiro a más, ya que desde pequeño me enseñaron que “la ambición rompe el calzón” y que “el hombre ruin, ni de lo suyo es dueño”. La sabiduría popular guarda en su boca toda clase de perlas, verdaderos tesoros que alumbran el camino de las sociedades y los pasos de sus hijos. Quien escucha el refranero popular mexicano no puede dejar de sorprenderse, incluso de maravillarse, por la capacidad del ser humano de transmitir su experiencia de vida al margen de la escritura.
Una de estas personas es la investigadora y periodista Guadalupe Appendini, autora del libro "Refranes y aforismos mexicanos", editado en 1999 por la editorial Porrúa en la colección Sepan Cuántos. Este libro es graciosamente ilustrado por Gabriel Vargas, su fallecido marido, con personajes de la entrañable familia Burrón.
Appendini ha sabido comprender que las sociedades orales también hacen acopio de sabiduría en forma de refranes o aforismos, mismos que colecciona de manera obsesiva y nos ofrece en este volumen. Para tal propósito, contó con la ayuda de varios cronistas de los estados, así como de la memoria colectiva de cientos de hombres y mujeres que han sabido guardar estas frases de las que se desconoce el origen. Gracias a ella, reitero para no hacer caravana con sombrero ajeno, les traigo algunos consejos para este nuevo año.
Con relación al dinero, les recomiendo no ser despilfarrados. La sabiduría popular nos dice que a veces “cuesta más guardarlo que ganarlo”, sobre todo en este maratón Guadalupe-Reyes lleno de ofertas tentadoras. Al tratar con nuestras adorables familias y las familias de nuestros conocidos, regla de oro es no ser metiche, porque “entre casados y hermanos, no hay que meter las manos”.
Para esta pandemia de la cual, aún con la vacuna en puerta, no estamos del todo librados, les aconsejo dar continuidad a los cuidados correspondientes y no precipitarnos en los festejos y excesos, como quien dice: “no te apures pa' que dures”, debemos tener bien presente que “los médicos no quitan lo tarugo”.
En cuanto a esos buenos propósitos que todos suscribimos para este año nuevo, recordemos que “no basta comenzar, hay que perseverar”, aunque la buena noticia es que mis mejores deseos están bien fundamentados, ya que “año de nones, año de dones”. Ya entrados en materia, este año de elecciones sabemos que “muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”. Hay que emitir nuestro voto de forma consciente porque “en tiempos de remolino, hasta la basura sube”.
Con estos refranes, que son evangelios chiquitos, me pongo a pontificar, porque es bien sabido que “muchacho que no es travieso y viejo que no es regañón, no cumplen con su función” y para esos menesteres soy como la tía Chía, “que no era, pero se hacía”. Si alguno de mis lectores se fastidia y me espeta que “ya Chole vendió su casa” y que no me ven aplicando lo que ahora escribo, les pido disculpas, a la vez que les recuerdo que “las campanas llaman a misa, pero ellas no van”.
