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EL LECTOR FURTIVO| Alquimia de tendajón

Foto(s): Cortesía
Redacción

“América está aún por descubrirse. Sus vagabundos y poetas son parecidos a los antiguos navegantes cuando emprendían viajes de exploración. Hasta en sus ciudades hay espacios que los cartógrafos dejaron en blanco”. (Charles Simic)


No pocas veces, gracias a nuestra formación poética decimonónica, confundimos poesía con versificación, de manera que cabe aclarar: así como no todo lo escrito en verso es poesía, no toda la poesía está escrita en verso.


Charles Simic es una de las voces más influyentes de la poesía actual. Nacido en Belgrado, Yugoslavia, en 1938 y residente en Estados Unidos desde 1954, Simic ha sido distinguido con el Premio Pulitzer  y elegido como Poeta Laureado por el Congreso de Estados Unidos.


El título a comentar en la entrega de hoy, es uno de mis libros de cabecera. Se trata de “Alquimia de tendajón” (UNAM, 1996) donde el poeta nos lleva de la mano a conocer la obra de Joseph Cornell (1903-1972).


Así como no toda poesía está escrita en verso, Cornell es un artista plástico sui géneris. Simic lo explica así: “Joseph Cornell no sabía dibujar, pintar ni esculpir, y sin embargo, fue uno de los más grandes artistas de Estados Unidos”. Cornell construye cajas de madera que contienen en su interior imágenes extraídas de revistas, libros, postales y carteles que, dispuestas en combinación con objetos tridimensionales y tipografía, forman composiciones con las cuales desarrolla su propio discurso estético.


Por su parte, Simic, en este título, se concentra en componer un libro de prosa poética que es a la vez una suerte de homenaje/ collage, con el mismo carácter fragmentario y sorprendente de las cajas. El libro es en parte una biografía de Cornell, una lista de vasos comunicantes (Poe, Valery, Nerval, etcétera) y un mapa urbano de los pasos del artista por la ciudad que ambos habitaron: Nueva York.


Los títulos de las viñetas nos revelan el carácter poético de este volumen; a manera de ejemplo, cito: “Guía de viaje para sonámbulos”, un recuento de hoteles newyorkinos; “Cigarros apretados entre los dientes”, sobre  los teatros en miniatura de Andersen, Carroll  y Goethe; “La verdad sobre la poesía” donde dice que un juguete es un objeto poético, y “Nuestro angelical ancestro” que habla de un hipotético viaje de Rimbaud a los Estados Unidos.


Identificado con los surrealistas, con los cuales tuvo contacto, Cornell también creó filmes vanguardistas que, al igual que sus cajas, fueron compuestos a partir de la técnica del collage. Así, en el libro, Simic hace referencias constantes al cine como una experiencia onírica. 


Esta plena identificación y simbiosis entre el poeta con el artista plástico, tiene como base la geografía doméstica de Nueva York, de la que Cornell apenas salió. Como el mismo artista explica en su diario: “Mi obra es consecuencia natural de mi amor por la ciudad” (el libro está salpicado por citas de los diarios de Cornell, a los que Simic tuvo acceso a través del Instituto Smithsoniano). Ambos –Cornell, el artista y Simic, el poeta-  comparten también el “intento desesperado de dar forma a las obsesiones”.


 

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