Permítanme contarles una historia real, de un gran personaje GOG, que alguna vez, quizá cruzó nuestro camino y nos atrajo su magnetismo, sin siquiera imaginar parte de su historia.
Empezaré contándoles que hace algunos años, cuando él cursaba el Tercer año en la Universidad, aún siendo muy joven, no tenía sentido su vida; sus padres, aunque con recursos, prácticamente lo abandonaron, para formar ellos otra familia.
Abandonado, con la pérdida de la única persona que lo quería, su abuela, se quería morir; se sentía enfermo, desconsolado, solo, abrumado, no tenía ilusión, la vida la veía obscura, despiadada como su enemiga.
Sus únicos compañeros eran sus libros de estudio y unos viejos libros que había dejado su abuelo, entre los que encontró lo que él pensó sería su única solución; hablaba de su propio entierro, como un simbolismo de morir y renacer, de enfrentarte a tu propia muerte; no dudó en leerlo bien para llevarlo a cabo, al fin qué tenía que perder…
La metamorfosis
Y una mañana de invierno, de esas que calan los huesos, decidió visitar al único amigo que tenía, un señor de edad avanzada de Santo Domingo; le dijo con voz pausada y seguridad absoluta.
-Ayúdeme, me quiero enterrar.
El señor no daba crédito a lo que oía.
-¡Está loco joven, cómo cree!
Pero lo vio tan seguro, que supo que ningún argumento lo iba a hacer desistir, por lo que aceptó ayudarlo.
-Vamos -le dijo GOG- a la montaña alta, donde se encuentra la laguna.
Después de caminar un buen rato, llegaron al lugar. Empezaron los dos a cavar, y aunque GOG iba en ayunas, cavó con la fuerza que le daba su físico de 1.80 metros de estatura; pero más que todo, con la fuerza que da el dolor reprimido. Cortó unas ramas y las entretejió en forma de tapa; cuando empezaba a anochecer, se acostó sobre la tierra, puso la tapa y le pidió a su amigo que le pusiera tierra; el señor obedeció, puso la tierra sobre la tapa y se despidió de GOG.
Ahí empezó la metamorfosis, libre de distractores, sin luz, con frío, en total soledad, empezaron a llegar los pensamientos y demonios internos; primero fue el miedo, esa necesidad apremiante de sobrevivencia y quiso salir corriendo, pero recordó lo que el libro le decía: "Pase lo que pase, oigas lo que oigas, no desistas".
Algo cercano a la felicidad
El frío empezó a hacer su labor, le castañeteaban los dientes, no encontraba acomodo, los pensamientos seguían llegando, cada vez más nítidos, más claros; de pronto, comenzó a escuchar voces, dos hombres que platicaban, uno de ellos hablaba de las estrellas, y el otro de una persona que se había ahogado en la laguna.
Sus voces eran cálidas, hablaron el tiempo suficiente para que GOG concluyera que eran dos muertos que se habían sentado cerca del entierro a propósito, para que él oyera sus voces.
El tiempo pasaba lento; de pronto, oyó el aullido de un coyote que alejó a los conversadores, pero no al frío que en ese momento se intensificó; empezó a temblar más, sintió el frío de muerte y el demonio interno apareció; como una ensoñación peleó con su padrastro en una lucha donde perdió la noción del tiempo; de pronto salió de esa visión y paró la pelea.
El frío no paraba, a cada minuto arreciaba, y ahí apareció la imagen de una mujer rubia que tomó sus manos y las puso en su pecho… sintió paz, tranquilidad, algo cercano a la felicidad; no quería que esa sensación terminara, pero terminó al escuchar los pasos de un animal que olfateaba la tapa de la fosa; no duró mucho, porque lo alejó el canto del gallo que escuchó a lo lejos; no se movió, la sensación no podía definirla; se quedó quieto, no sabe cuánto tiempo, hasta que escuchó los pasos y la voz de su amigo que llegaba a desenterrarlo.
La mejor consejera
Salió aún confuso, pero lo volvieron a la realidad unos sorbos de mezcal que su amigo había llevado y nunca pudo imaginar cómo se le agudizaron los sentidos al probar un atole caliente y unas memelas, que junto con el mezcal le dieron sentido a la experiencia; poco habló de eso, bajó en silencio recordando uno a uno, los detalles de su entierro; sólo de una cosa estaba seguro, que la cercanía con la propia muerte es la mejor consejera de un guerrero; que ahí enterró a un joven con dolor, pero que resucitó un hombre con poder.
Y me lo cuenta ahora, precisamente para que su experiencia nos sirva como reflexión y alegoría de lo que estamos viviendo. Que este aislamiento social podemos usarlo como nuestro entierro para lograr que este ejercicio nos sirva de crisol que nos purifique la escoria y nos libere de todo lo que perjudica nuestro ser.
GOG dice que el miedo, la prepotencia, el abuso y el apego, son lo único que tenemos que combatir, que la piedra falsa puede no diferenciarse mucho de la verdadera, pero que para el ojo experto, no hay confusión posible.
Y podríamos seguir platicando con GOG, este personaje que no quiere fama, porque las personas de verdadero valor, no necesitan de ningún artificio para destacarse; y ahí está, siempre cultivando el campo del alma día tras día, año tras año, hasta arrancar todo lo inútil, todo lo aparente, todo lo ficticio.
