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El abuelo

Foto(s): Cortesía
Redacción

Lo veo y miro en sus ojos el brillo que da la paz después de un largo recorrido, una sonrisa de satisfacción se dibuja en sus facciones cuando relata las innumerables anécdotas de vida.



Reflexiono sobre aquello de que uno como joven quisiera haber tenido una vida perfecta, eso sí nuestro padre o abuelo hubiera hecho esto o lo otro de una u otra manera. Pudiéramos juzgar a los adultos desde nuestra perspectiva y en nuestro contexto actual, pero ello podría ser injusto, porque las cosas que el adulto vivió no son de nuestro tiempo, las circunstancias eran distintas, así como  su formación, sus posibilidades económicas, el desarrollo de la familia y otros tantos factores que incidieron en la vida de la persona que hoy está frente a nosotros.

Por ello nos disponemos a escuchar con atención sobre los variados caminos, lugares, personas y circunstancias que vivió el abuelo. Nos cuenta como provenía de una familia humilde. Que por razones de trabajo de su padre tuvieron que marcharse de su pueblo y dejar mucho de lo que ya habían construido, empezar de nuevo. 


Comenta que ese tiempo fue difícil porque esa ocasión de partir de un lugar a otro, fue uno de tantos. Se detiene un instante y cuenta cómo elaboraban mezcal de manera rudimentaria, y era un goce porque de allí se ganaba dinero para mantener a la familia, después se acabó la producción del mezcal y ahora a otra cosa, ¿qué hacer si sólo eso sabía?


En curso de esos cambios tuvo que irse a otro lugar, se había casado, tenía una familia ¿Y ahora qué haré? Con hijos sin trabajo y en lugar extraño desconocido, en medio de aquella ciudad, unos cuantos pesos en los bolsillos; comprar naranjas y revenderlas era una idea vaga para empezar en ese marasmo de desconcertantes ideas; al asomarse a una gran construcción a vender sus naranjas alguien le preguntó: 


-¿Quieres trabajar?


-¡Si! respondió el abuelo.


- ¿Qué sabes hacer? volvió a preguntar.


- ¡Lo que usted me mande! contestó emocionado.


- Pues empieza con cargar de aquí para allá esas maderas... 


Y así el abuelo ya tenía otro trabajo inesperado, al grado que la bolsa de naranjas las dejó en un rincón que ya para irse pensaba llevarlas como golosina a los pequeños de la casa, pero ¡oh sorpresa!, alguien se había comido las naranjas. Así en esa construcción haciendo variopintas cosas, el abuelo tenía un sustento. Conoció a un paisano maestro albañil del pueblo y este le preguntó: -¿quieres trabajar conmigo?


Esto le representaría una mejor entrada económica, el paisano además se convirtió en su maestro para diferentes especialidades en este arte, así logró convertirse en maestro albañil también.


El abuelo hace una pausa, todo esto lo ha contado con una sonrisa en el rostro, con requiebros de accidentes, audacias, resolución inteligente de un problema, con la construcción de su pequeña ,pero bonita casa para su familia.


Así que  no podemos juzgar a priori. Como el abuelo, cada quien está teniendo sus batallas, cada quien está pretendiendo a su manera la construcción de su vida. Es bueno escuchar, aprender y comprender la historia del otro, en este caso la admirable jornada del abuelo, ya muy veterano, ya cansado, pero la paz augusta su voz, su sonrisa. Cuenta su historia con la satisfacción de haber logrado caminar su camino.


Contacto: [email protected] o al cel: 951 231 9216.


 


"Como el abuelo, cada quien está teniendo sus batallas, cada quien está pretendiendo a su manera la construcción de su vida".


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