La obra de Bernardo Esquinca (Guadalajara, Jalisco, 1972) se inscribe en la llamada ficción de lo extraño; es una mezcla a su vez del género policiaco, fantástico y de terror. Su más reciente entrega a Almadía se titula Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe, en el que el escritor le rinde homenaje al padre del terror contemporáneo del relato policial, pero también lo baja del pedestal.
"Para mí ya no es Poe, para mí es Edgar y es mi amigo", comparte el autor de la saga Cassasola y una trilogía de terror. Y es que en esta novela, su apuesta fue entender a Edgar Allan Poe de una manera más íntima: "quise bajarlo del pedestal, hacer un Edgar más humano".
El reencuentro, compartió, ha sido feliz porque Poe fue su ídolo de juventud y ahora, 20 años después, lo vuelve a leer y por la novela publicada con Almadía, ganó en 2017 la edición número 11 del Premio Nacional de Novela Negra Una vuelta de tuerca.
"La novela surgió de manera espontánea porque me pidieron un artículo sobre Edgar Allan Poe para una página digital. Así que cuando me planteé lo que podía decir sobre él, quise que fuera algo que no estuviera tan leído. Me puse a releerlo todo y además del artículo, con toda la información que había reunido, pensé que podía hacer una novela".
Las aventuras de Edgar
La novela corta la escribió entre Carne y ataúd e Inframundo. Entre todo lo que Esquinca leyó, venía el dato de que Edgar Allan Poe había estudiado en Charlotte, universidad que fundó Thomas Jefferson en Virginia, donde el autor pasó un año, porque acumuló una deuda muy grande de apuestas.
"Edgar era malo jugando a las cartas; cuando bebía, peor; entonces acumuló una deuda muy grande con sus compañeros y su padrastro, que además era un tipo intolerante; pagó la deuda y lo corrió. Con estos datos que tenía, me puse a imaginar las aventuras que pudo haber vivido Edgar en esa universidad. Me documenté sobre lo que hacían los alumnos en esa época: batirse en duelo, robar cadáveres, meter prostittuas a los cuartos, emborracharse, apostar, atacar a los maestros, aventarles bombas, hacer motines y azotar a los esclavos, fueron prácticas que hicieron a esa universidad muy caótica desde los inicios, por lo que Thomas Jefferson tuvo que meter mano dura para encarrilar ese proyecto que después se convirtió en la prestigiosa Universidad de Virginia.
"Con todo esto que investigué, dije: esto está ni que mandado a hacer para la novela. Tomé en cuenta ese contexto y la esencia de Edgar al imaginar qué aventuras vivió. En el libro también vemos a Edgar de adulto, en Nueva York".
A 10 años de haber publicado su primer libro con Almadía, Los niños de paja, Bernardo Esquinca confiesa aún más su gusto por lo macabro. Y en esta década confiesa que lo que a un autor debe aspirar es a hacerse malvado y malicioso en el buen sentido. A tener más trucos y recursos para lograr este objetivo que es asustar al lector, ponerlo a pensar, enfrentarlo con sus propios miedos.
El auge de lo fantástico
El escritor considera que hay un buen momento en general para lo fantástico: "Para empezar, las editoriales se están abriendo, se han dado cuenta que es un nicho que vende, estaban acostumbrados a vender a los anglosajones; pero en México les gusta mucho leer literatura de terror y durante muchos años los lectores de este género se habían tenido que conformar con los escritores que vienen de Europa o los Estados Unidos. Pero a ellos les gusta el toque mexicano".
Bernardo Esquinca concluye que los autores y nuevas generaciones están más desprejuiciados porque la literatura mexicana peca de realismo desde la novela de la Revolución hasta ahora; de manera extraña, porque los mexicanos tienen una cultura desde tiempos prehispánicos susceptible al pensamiento mágico, a lo sobrenatural y a las leyendas.
"Lo primero que oyeron los españoles cuando se bajaron de sus barcos a estas tierras, fueron historias de fantasmas; pero había un prejuicio, algunos autores han coqueteado con este estilo; por ejemplo, José Emilio Pacheco o Carlos Fuentes, pero no han dedicado la totalidad de sus libros a ello. Estas nuevas generaciones vienen fresquitas, sin prejuicios, muy influidas por la cultura pop, la novela gráfica, el cine, las series de televisión, donde estos temas se tocan con mucha frecuencia; está habiendo una apertura y cada vez veremos a muchos más autores".
