En La abuela, su tercer libro publicado por Destino, Chris Pueyo (España, 1994) le ha escrito esta novela a la persona más importante y amada en su vida, a Carmen: La Chica de Alambre -en su juventud-, La Dama de Hierro -como fue conocida varias décadas después-.
En esta novela, el autor le da voz a su abuela para que comparta un poco de su sabiduría, sin mayores pretensiones, a los lectores de su nieto: “Con los años, he aprendido a manejar todo lo que duele y a reconocer que una retirada a tiempo es una victoria y que la esencia de cada uno no cambia. Somos lo que somos […] Uno aprende a levantarse de sus propias caídas, ponerse tiritas y cortar el sangrado; de nada sirve que te digan lo que tienes que hacer".
El mismo Chris Pueyo lo afirma al principio del libro: “No puedo hacer que mi abuela viva para siempre, pero puedo escribir un libro que no muera nunca”. En su obra, el joven autor indaga en la vida de quien es como su madre, mientras es posible atestiguar su crecimiento y madurez como narrador.
A Carmen, la abuela de Chris Pueyo, algunos lectores la conocieron como La Dama de Hierro en El chico de las estrellas, obra con la que el autor comenzó su carrera literaria en 2015. En esta última entrega, ha convertido a dicho personaje en una digna protagonista de su propia historia.
El lazo de acero
Desde que se independizó, Chris Pueyo visita a su abuela cada martes y durante una de aquellas tardes, ella le contó que ya había hecho su testamento; sostenía una batalla frontal contra el cáncer y quería estar lista por cualquier contingencia. En ese momento surgió la idea del libro y ningún martes volvió a ser igual.
Además de pasar tiempo a su lado, el autor se dio a la tarea de hurgar entre sus recuerdos y extraer de aquellas charlas, respuestas para todas las preguntas que tenía sobre su vida. Tomó cada trocito de la historia de Carmen y la convirtió en una emocionante narración que sólo en la portada se tiñe color de rosa.
“Es importante no juzgar a la gente que te cuenta su historia porque es la única manera de construir un puente. […] La abuela sigue aquí, al otro lado del puente que hay entre nuestras miradas que no se juzgan, cruzando el salón de punta a punta. Y nada es increíble, pero todo vale la pena”, asegura Pueyo.
